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Erase Una Vez

El balcón

El balcón Apoyado en la barandilla del balcón de mi castillo veo la vida pasar. Ahora que entra el invierno, tengo siempre un molesto charco de sudor a mis pies en el que chapotean conscientemente los zapatos para manchar a las piernas, pero ellas se esconden la una tras la otra llenando de risas la habitación. Me sobra la camiseta, así que me la quito y le digo que se siente junto a mí, que vamos a ver la vida. Es entonces cuando llega mi hijo, nos sentamos todos y comenzamos a hablar de las cosas del balcón.

Lo primero que les digo es que escojan una piedra del montón que hay junto al postigo de la ventana, que tiene que llevar el letrero de “piedra con puntería asegurada”, porque a veces hay que lanzarla lejos y no podemos correr el riesgo de errar. Lo segundo que les digo es que tienen que tirar a la cabeza de los patos, porque es la única forma de que se caigan. Lo tercero que les digo es que hay patos de muchas formas: con forma de elefante, con forma de caballo, con forma de jirafa y algunos con forma de toro, y ya, muy raros, muy raros los que tienen forma de interrogación, que son muy sorpresivos por naturaleza.
Mi hijo ensaya apuntando con una piedra plana de pizarra, yo con un pedrusco diamantino desengarzado del anillo de un mariscal y mi camiseta como no tiene ni brazos, ni boca, ni piernas, pues no puede.
¡Qué invierno más crudo! Mi camiseta está empapada de sudor, la silla de mi hijo protesta porque piensa que se ha orinado encima y mi sillón, que es perezoso hasta para mecerse (lo hago yo y así lo saco a hacer deporte), sigue durmiendo.

¡Ya está! Sale el primer pato en forma de caballo. Ese es mío. Lo sé por su manera de correr tan serpenteante, porque tiene el don de ponerse colorado cuando le increpo y por su estruendoso graznido (o parpido) parecido a mi vozarrón. Lo he tumbado a la primera. Es el caballo de mi trabajo, el trote cochinero de las horas pesadas, el galope de mis prisas, el graznido de mis protestas... Todo al suelo, de un diamantazo.
Ahora sale un pato con forma de avestruz. Mío. Mueve la cabeza rápidamente, de un lado al otro, corre como el viento y levanta columnas de polvo con sus enormes patas. Mi camiseta se gira al montón de piedras muy excitada, pero como ni tiene cara, ni tiene brazos, ni tiene piernas, pues no puede. Me abalanzo a por una piedra pómez y se la lanzo con todas mis fuerzas, aterriza en el lago más allá del avestruz. He fallado. Me esperan grandes riesgos porque he errado... ¡No!. El pato observa la piedra pómez flotando en el agua y no entiende que una piedra pueda flotar, así que se la come y cae fulminado. Era el avestruz de mi adolescencia, mi impaciencia, mis ligereza... todo al suelo de un pomazo.
Mira qué pato tenemos ahora. Es un pato con forma de mono, y ése es de mi hijo, busca por todas partes cosas que no sabe para qué emplearlas, se rasca mucho la cabeza cuando se pregunta algo que le cuesta autoresponder y salta de rama en rama usando manos, piernas y cola. Mi hijo va a disparar y le freno la mano. No quiero que tumbe el mono de su curiosidad tan pronto, el mono de sus equilibrios con sus situaciones, el mono de sus saltos de opinión.

Y así transcurre el día. Yo tumbo casi todos los patos que me salen al paso. Sólo he dejado uno de esos raros en forma de interrogación porque no voy a tirar mi futuro, claro, y otro en forma de viejo elefante, porque todavía conservo la juventud de mi cerebro y tampoco era cuestión de abatirlo.
Mi hijo, lo único que ha podido derribar ha sido un pato en forma de cachorro de león, que graznaba tan fuerte como mi pato-caballo, que ya se sabe que de tal palo, menuda astilla, y que significaba su pronta petición de independencia.
Mi camiseta, como no tiene ni manos, ni pies, ni cara pues no ha podido.

Mañana saldré a buscar todos esos patos. Vendrá mi hijo. Mi camiseta como no tiene manos, ni pies, ni ojos, pues no podrá venir.
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5 comentarios

lunaaaaa -

mientras leo tu excelente narracion he ido construyendo una sonrisa...que forma de expresar ternura..y la relacion padre hijo....enseñar...guiar..pero sin reprimir..compartir...crecer dejar crecer...ufff...me quedo contenta...Gracias Mox...gracias mil..

muralla -

En el tiempo contado que tengo asignado al ordenador, no puedo pasar sin leerte. Un avez más ha valido la pena. Tus narraciones siempre son exquisitas.
Un abrazo abrazao y esperemos que cada día menos mareao.Muralla

mox -

Muralla, cuídate mucho, y unas enormes ¡¡GRACIAS!! por tu tiempo.
Un abrazo abrazao.
lunaaaaa gracias a tí, por la cena, por tus versos, por tus sentimientos, por todo.

mox -

Y aunque los derribes, siempre estarán allí para recogerlos. Son patos incombustibles e indegradables.

Malasanta -

Sencillamente Enhorabuena!!!!
Quizás sea el peso de los patos que no nos atrevemos a derribar el que nos complica la vida.
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