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Erase Una Vez

Cuento con ventaja (y V)

Cuento con ventaja (y V)
Lola se quedó sola en la bodega. Le gustaba la soledad. Le decía cosas al oído que la gente jamás afirmaba y las palabras que empleaba eran sinceras, claras y de colores. Decidió esperar a los entorchados porque tenía la esperanza de embarcar con ellos y volar por medio mundo, tocar de cerca las nubes, oír el romper de la mar en la quilla de barco mientras el viento golpeaba insistentemente su cara. Se arriesgaba a la mala fama de Murdock, a ser pasto de los tiburones, a ser jirones de piel azotada en la cubierta, a ser colgada de los pulgares de la vela mayor, a ser disparada atada a una bala de cañón, incluso a que la convencieran de convertirse en pirata.
La música arreciaba y se columpiaba de cuerdas, bisagras de compuertas y bases de retroceso de cañones, jugaba entre los brazos del ancla, los barrotes de las jaulas de los voluntarios presos-mitológicos y salpicaba a las olas del mar.

Se asomó al ruido de una campana que tañía a difunto y pudo ver un gran bote con veinte marineros iluminado por antorchas. Y de pie, en la proa, flanqueado por dos nuevos visitantes, Murdock. Un ruidoso griterío propio de aves carroñeras que nacía de las gargantas de los remeros (“¡¡Boogad!!... ¡¡Boooogad!!”) se mezclaba con la oscuridad, el calor, la ansiedad, la soledad y el futuro.

Mox Moxcacoja Murdock apareció en cubierta y una actividad frenética lo acompañaba. Un marinero desembarcó la campana, pero hicieron falta cinco hombres para descargar una bella caracola gigante poblada de nácar, veteada de azules y ocres y depositarla en cubierta, e inmovilizarla entre dos barriles de ron. Subieron también a cubierta Muralla la meiga, y una trapecista que con un prodigioso salto de lokura alcanzó las mayores alturas del barco y de sus sentimientos. Mox paseó por el barco en busca de novedades. No hizo caso de las bodegas y directamente se dirigió a coco que en esos momentos llevaba puesto una peluca de todo a cien tipo Espinete. y le había crecido una nariz bombilla con puntos negros de dálmata. Hablaba en árabe pero se cansaba pronto y cambiaba al ruso, luego, cambiaba al portugués y al final terminaba hablando Watusi. Decía a su otro yo que el cuerpo de mujer era lo que le faltaba para entenderlas, pero ahora que lo tenía estaba desorientado porque no sabía lo que pensar de los hombres. Ordenó que lo sacaran de la jaula de oro y le dio una dirección donde repartían chocolates de todo el mundo. Allí tendría que contar una vivencia y un recuerdo. En hebreo cambiando a Navajo y terminando en alemán, coco dijo no recordar ninguna vivencia pero que hablaría con su cabeza si el dueño del chocolate era mujer o con su tripa si era hombre. Cuando después de esperar siete vueltas se encontró con Amelíe, y tras siete sonrisas y un te veo con el tanga y no me lo creo, comenzó a transformarse otra vez en coco, hablaron de su encuentro en otra vida paralela y ... pero bueno, esa es otra historia que no vamos a contar aquí.

Lola, Muralla la meiga, Lokura la trapecista y Mox conversaron en el embarcadero junto a la playa durante cinco días y cuatro noches. La quinta noche se despidieron. Mox sopló largamente por la caracola gigante y esa llamada sorda rompió la noche. Al mismo tiempo, Muralla realizó un conjuro y lokura dejó caer una amapola roja y se montó en una onda de sonido y cabalgó columpiándose como Pinito a 356 metro por segundo. El mar se abrió al paso de la onda, dejando un pasillo por donde Lola comenzó a andar. Justo entonces todos vieron el desdoblamiento en dos Lolas. Una de ellas se volvió y con voz clara gritó. “Soy Kea y guardaré vuestro secreto en el lado negro del espejo” y corrió hacia Lola, que se había adelantado para refundirse de nuevo en ella.

Muralla hizo una gran queimada a la que pudo invitar a las personas que más quería y tuvo la enorme satisfacción de ver cómo TODOS SIN EXCEPCIÓN acudían a su conjuro...

Lokura viajó, saltó e hizo equilibrios y al final encontró lo que necesitaba: una duda deshecha en un Sí, claro que contigo aunque a pesar de mí.

Y colorín colorado este cuento se ha.....

Guardé mi barco en el bolsillo y sonreí tranquilo.
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6 comentarios

muralla -

No lo dudéis nunca ni lo más mínimo, mi conjuro se hará siempre realidad para todos vosotros: Cada vez que miréis el mar, veréis reflejado en él los momntos más hermosos de vuestra vida, y en medio de las estrellas que brillan en su fondo y que sólo las almas como las vuestras pueden ver, os sonreirá una sirena y os enviará flores del océano.
Bicos, muchos para todos, todos. Muralla.

Rosi -

¡¡Dios, cada día estoy más sensible¡¡
Empecé con una sonrisa y acabé con una lágrima
Eres casi, casi, mejor que mi abuela contando cuentos.

Un beso Mox, eres único...

lunaaaaa -

Que maravilla de cuento y de personajes y de ambientes......
Besos admirados

lokura -

Y ahora cada vez que tire piedras en la playa... me acercare a la arena, buscare una caracola... y saldra de ella el sonido de tu voz... para contarme un cuento de barcos piratas... me encanto de veras... besos a mil!!

Malasanta -

Jamás he participado en una queimada, me haría mucha ilusión que Muralla me incluyera en su conjuro :-)))

lola -

Y yo guardare este cuento como el tesoro que es. Y las noches de luna llena lo leere a la orilla del mar. Podre veros en un barco, comiendo chocolate, al sonido de una caracola gigante. Sera entonces cuando arropada por las olas pueda estirarme a soñar en la orilla.
Un besazo pirata Mox, nos vemos en el mar de los sueños
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