Pijama de rayas

Tengo uno de esos pantalones de hospital. Son de algodón, con rayas blancas y azules muy finas y desgastados y descoloridos de tanto uso y tantas lavadas. Tienen un cordel de hilo blanco muy largo para sujetártelos a la cintura, porque siempre te los dan grandes, como tres o cuatro tallas más grandes. Y son rabicortos.

Sí, claro, te puedes quejar diciendo que pareces un esperpento protagonista de alguna película de campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Pero es que si te quejas, te ponen uno de esos babis gigantes que se anudan al cuello y que te dejan el culo al aire. El peluquero de mi barrio los tiene de color negro, los de los hospitales son blancos, pero en el fondo los dos te dejan con el culo al aire.

Los robé con la esperanza que nadie llevara más semejante aberración. Además invité a los demás vecinos de planta a que hicieran lo mismo y que propagaran el mensaje entre los nuevos que llegaran, a ver si había una renovación de vestuario decente en la Sanidad Pública Española.

Y sin embargo, después de tanto tiempo conmigo, ahora los miro con otros ojos. Ahora tienen un no sé qué, que me atrae. Son bellos los muy jodíos.

Y esta noche me he decidido. Me los pondré. Y con mi torso desnudo, me presentaré al mundo.

Me tatuaré con las ceras de mi hijo pequeño una calavera en el pecho, cuidando no dejar demasiados pelos en ellas por si luego le da asco. Los ojos de la calavera coincidirán con mis pezones y la boca con mi ombligo, claro.

Con un trapo del polvo (resto de una antigua jarapa escandalosamente coloreada) me haré una cinta para el pelo que oculte bien mi calva de monje franciscano.

Iré descalzo, aunque apeste sin plantillas devorolor que me protejan.

Y meteré para adentro todo lo que pueda la barriga.

Pretendo así, además de presentarme al mundo como antes he dicho, tener una noche ardiente con mi mujer, que hace ya tiempo que está sosona.

Mañana os cuento. Deseadme suerte.

 

08/04/2009 02:42 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: Cosas de casa. Hay 1 comentario.

Gotas de vida

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Poco más o menos la frase era así.

Hay personas que entran en tu vida destinadas a salir de ella. Aunque las quieras y las abraces muy fuerte, lo único que consigues es que tarden un poco más en irse.

Y ahora digo yo.

A veces su estancia con nosotros es tan sólo de unos meses, y en esos casos te das cuenta que son esas gotas de vida que te regala el destino y que te llevarás a todas partes grabadas a fuego en tu retina y en tu alma.

Ayer descolgué del armario de mis sueños, la camiseta del recuerdo. Estaba entre otras, remezclada  con las de mis posibles futuros y con las de mis vidas anteriores. Y en un bolsillo encontré una de estas gotas de vida. Mari Jose. Tan solo puedo hablar del suave dulzor que me llenaba el pecho al despertar esta mañana.

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07/04/2009 10:13 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: Velitas, cava y perfume. No hay comentarios. Comentar.

Mi desesperación

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Estaba sentado en una de esas alargadas heladerías rectangulares que sobreviven en los picos esquinas de pueblos de sol y playa. Un gran mostrador, recubierto de arriba a abajo de espejos limpios como patenas, corría de un lado al otro del local. Las mesas se situaban frente al mostrador, de modo que, todos los que estábamos sentados, nos reflejábamos en ellos  brillantes bajo la excesiva iluminación del local.

Delante de mí, en una mesa contigua, un hombre y una mujer, cuarentones ya, conversaban animadamente.

Podía ver la cara del hombre fumando sus cigarrillos hasta la boquilla, mirando sin ver el otro lado del bar, para así reconcentrarse en la historia que estaba contando. Me ofrecía su perfil y así, sin necesidad de espejo que reflejara su imagen, pude distinguir sus cejas espesas y canosas, su nariz romana absorbiendo en cada calada profunda, los restos de humillo que se desprendían de la punta abrasada de su cigarro y los gestos tan expresivos de sus grandes manos que, suavemente, pintaban en el aire las palabras que resbalaban de sus labios.

La mujer me ofrecía generosamente su espalda. Llevaba un vestido sensual, muy ceñido y alegre, lleno de rosas, rojos y limones sobre crema. Una cabellera castaña quemada por las horas de playa se le descolgaba ligera como mi sofocada imaginación. Por debajo de la mesa, el vestido dejaba entrever unas pantorrillas morenas, duras y bien torneadas.

La mujer, con movimientos flexibles de querer fundirse en su pareja, jugaba a déjame acercar, que me alejo. Continuamente cruzaba y descruzaba las piernas, se desplazaba unos centímetros de su asiento y se distorsionaba hacia el hombre.

Me enganchó como me enganchan y me alimentan las puestas de sol limpias o los amaneceres de rayos de sol naranjas prisioneros entre nubes que poco a poco se liberan y explotan brillantes de color. Y así pude alimentarme de sus interminables piernas cruzadas acompasadas en ligeros temblores rítmicos, pude alimentarme de sus caderas voluptuosas que se aplastaban arrastrándose por el asiento de la silla y por fin, pude alimentarme con la ”S” torcida de su espalda cuando se vencía hacia el oído imperturbable de su pareja y se recostaba cara con hombro, como buscando un suave colchón de plumas en el seno de su hombre.

No alcancé a verle la cara. Pensé que, como los espejos eran grandes, al final se la descubriría, así que dejé que el tiempo hiciera su trabajo.

Pero no aguanté. Me pudo la impaciencia.

Moví la cabeza hacia todos los lados buscando el reflejo que me enseñara su imagen. No hubo manera. Desplacé con disimulo la silla hacia un lado para abrir el ángulo de visión pero su cara se me negaba. La moví un poco más hacia el otro lado sin llamar demasiado la atención, a riesgo de romper la magia del momento, pero tampoco.

Me puse enfermo de imaginación cuando el espejo me devolvió el apretón de manos que le dio ella por debajo de la mesa. Fue una búsqueda desesperada por entre los pantalones, búsqueda ciega, de palpar hasta encontrar la mano de él y atesorarla con cariño entre las suyas.

Hice un nuevo intento. Tiré las llaves al suelo ahogado por la impaciencia de firmar ese cuerpo con un rostro relleno de amor y ojos lánguidos y las recogí buscando desesperado su cara. Pero mi mal disimulado acto sólo cosechó una silenciosa ojeada de reproche de un hombre molesto que me hizo acobardar y bajar la mirada arrepentido de una intrusión que fue inútil porque el espejo, al fin y al cabo aliado de esa pareja, me negó su semblante.

Entonces el hombre se removió en su asiento y le susurró a la mujer una sonrisa, un beso y una caricia. Se levantaron, pagaron y se fueron. En su espalda se llevó escrita mi desesperación. Seguro que cuando ella ladeó su cabeza hacia él, le tuvo que devolver la sonrisa.

En tus sueños

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Tengo la mala costumbre de despertarme en tus sueños.

No sé si sabes que me encanta la música de fondo que sintonizas: Hoy canta Sandrine Kimberlain. Bajas la mirada. Sonríes ausente mientras canta. Me gusta observarte cuando crees que nadie te vigila.  Bruscamente has cambiado de color de cielo. Hoy, de violeta brillante, te has ido a azul vaquero, no sé si es porque has comenzado a hablar en sueños, los demás pueden escucharte y te da miedo desnudarte demasiado… o porque he comenzado a perseguirte en mitad de una guerra contra mí. Te he dado la mano y sin dudarlo, me la has arrancado para dársela de comer a unos pájaros que te buitreaban desde el comienzo del sueño. No has hecho caso de mis chistes de mancos y te has largado con tu amiga la triste mientras le reías las gracias. Luego ha aparecido nuestro nene y su cabeza se ha convertido en un surtidor de gasolina del que sólo salían besos. Besos de cariño, besos insistentes, besos apremiantes, besos agobiantes, besos pesados, besos cargantes, besos odiosos. Huyes. Te alcanzo y te pregunto si quieres navegar. Te hundes en la tierra para esquivarme, pero sigo el rastro de tu canción y te doy uno de mis ojos, encerrado en un juguete, un suave peluche de terciopelo de barro. Lo has dejado caer y se ha hecho trizas. Despliegas las alas para escapar volando. Te escoltan tus amigos los pájaros-buitre. Para despistarlos les ofrezco media pierna. Te cuento chistes de cojos, pero te evaporas a una nube junto a tu amigo el desconsolado que te piropea con historias divertidas y que te arrancan sonrisas de lujo. Te localizo durmiendo en una cama y me acerco con sigilo porque quiero despertarte con saña. Pero no te sorprendo. Eres tú la queme sorprendes a mí, porque ya estás despierta y cuando te giras alzas tus dedos y me despegas la cara. No hay sangre. Siento lo mismito que siento al explotarme una espinilla rebosante de pus. Te la pones. Me río porque te falta un ojo. Por primera vez en todo el sueño me sonríes, aunque lo hagas con mi cara. Y ahora…

Te despiertas.

Me despierto.

-          ¿Qué tal la noche? ¿Has descansado?

-          Bien, bien, ya sabes, como siempre…

 

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18/10/2008 03:18 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: Buenas noches. No hay comentarios. Comentar.

Ojitos tienes

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Rodeo nucas apasionantes queriendo descubrir miradas vitales, con chispa, de esas que te lanzan un "me gustas y te sonrío con los ojos que has buscado porque con los labios sería mucho descaro y a mi edad no estoy para descaros... lo siento".

Me engancho a miradas tristes de las que se resbala un "... y a tí qué te importa lo que sufro o dejo de sufrir. No me mires así que mi vida no es tuya... No me mires..."

Me sobresalto cuando una mirada se escapa entre el resquicio cada vez más pequeño de las puertas de un ascensor cerrándose, dispuesta a huir de la formalidad de su dueña y robarme el paso que doy hacia un lado para mantenerla unida a mí, hasta que inevitablemente se corta cuando la puerta se acaba de cerrar y el ascensor inicia viaje a los pisos de abajo.

Me cuesta deshacerme del abrazo que me dieron unos ojos rellenos de azul líquido, casi hielo y que me dieron esquinazo en la penúltima parada del tranvía.

Y sobre todo me inquietan los que veo cada mañana en la otra dimensión, aquellos que viven tras el espejo del cuarto de baño, que me persiguen en el espejo puzzleado del recibidor y me rematan en el espejo del retrovisor del coche. Porque no reconozco esos ojos que me observan. Porque solo siento que no sienten. Porque se dispersan y huyen de los demás.

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11/02/2008 01:58 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: cosas del calor. Hay 3 comentarios.

Feliz 2008

20071225212844-postal-de-navidad-2008eraseunavezpquena.jpgOs deseo a tod@s unas muy felices fiestas

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25/12/2007 21:28 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: Buenas noches. Hay 2 comentarios.

La pizarra

-¿Y nunca te ha guiñado el ojo  la pizarra para que le dejaras un mensaje? Eh, que también sabe hablar...

-Pues no. La pizarra está ahí. Es negra y pesa mucho. Pero no se mueve, ni guiña ojos, ni habla, ni nada.

-No la has mirado bien. Ven... (me cogió del brazo y me sacó al pasillo). Ahora vas a entrar y pegas la oreja en el centro de la pìzarra,  a ver si escuchas algo de lo que te diga . O mejor deja que te lleve yo, pero con los ojos bien cerrados para que sepa que estás muy concentrado en lo que te dice... muy concentrado. A ver si la oyes. Tienes que cerrar los ojos... cerrarlos y tenerlos bien apretados para que ella vea que sólo puede hablar contigo, que no le vale con guiñar el ojo... Y seguro que cuando empieze a hablar, la escuchas.

-¿Y de qué habla?

-Anda, calla y cierra los ojos, que te llevo.

-Bueno, vale...Mira cómo los cierro... ¿Así de apretados? (y otra vez, del brazo, me sirvió de Lazarillo y me dejó justo delante de la pizarra)

-Calla y pega la oreja.

-¿Así?

-No... Más fuerte...

-¿Asííííí? (y empujaba con la oreja, la cara y el pelo de mi perfil de ojos cerrados contra la pizarra)

-Sííí, asíííí...

Pero la pizarra seguía muda. Tan sólo escuché un rumor de risas contenidas de mis compañeros. Seguro que estaban pensando que estaba loco al apoyar de esa forma la cabeza contra la pizarra, como si la quisiera romper... Hasta que, cansado de la mudez de la pizarra, me separé de ella, protestando, al centro de la clase.

-Aquí no se oye na de ná.  Y abrí los ojos. Y todos estallaron en risas. Me volví a la pizarra y entendí la tomadura de pelo.

Mientras estaba en el pasillo dejándome convencer, algún conchavado pintó un círculo blanco de tiza y cuando apoyé la cabeza en la pizarra, me ensucié tanto de polvo blanco que parecía que me habían rociado de harina.

Me encogí de hombros y me senté... Y entonces fué (os lo puedo jurar) cuando la pizarra me guiño un ojo.

Así que me levanté y, sin ser original, que no estaba yo, con toda la clase riéndose a mandíbula batiente, para ser original, le dejé este mensaje: "Paren el mundo que me bajo"

21/10/2007 02:03 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: Buenas noches. Hay 1 comentario.

Feliz verano

"Érase una vez" se me ha convertido en un huerto que, aunque ahora mismo lo tengo bastante descuidado, siempre me ha dado satisfacciones, y la mayor de ellas es la satisfacción de conocer los pensamientos y los sentimientos de muchas personas que se encuentran al otro lado de mi pantalla, asomados a la suya propia y conectados por este milagro que es internet.

Por eso ¡¡¡¡GRACIAS!!! y desearos a tod@s un feliz verano.

Hasta siempre

 

07/07/2007 11:43 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: cosas del calor. Hay 4 comentarios.

Teoría

Me sé la teoría

y a veces también la práctica.

Y hay que ver cómo anhelo

un poco de mala leche

para acercarme mejor a la vida.

24/05/2007 20:37 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: Cosas de casa. Hay 6 comentarios.

Encuentros

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Voy encontrándome cosas por ahí.

De bebé me encontré un chupete debajo de la almohada y me gustó. A la vista de ese tesoro y como hace cualquiera al que le ha sonreído la diosa fortuna, perseguí la suerte en el mismo lugar en que la encontré la primera vez, así que durante años siempre busqué chupetes bajo las almohadas.

De niño, encontré una estampa en una mesa y me gustó así es que busco desde entonces estampas en todas las mesas.

De adolescente, un balón detrás de una puerta y me gustó así es que busco siempre detrás de cada puerta que abro otro balón.

De joven, un bolígrafo dorado en la carpeta de los apuntes y me gustó, así que ahora busco en cada carpeta de apuntes bolis aunque no sean dorados.

De mayor en la playa, una cadena de plata eslabonada con anillos esbeltos y me gustó, y ahora me paso las horas muertas buscando pulseras en todas las playas.

Ayer ví un reflejo arco iris en la taza del wc y me gustó. Así que he ido a comprarme unas cuantas cajas de guantes de plástico largos para cuando vaya a restaurantes, cafeterías, gasolineras y casas de amigos.

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05/05/2007 02:37 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: cosas del calor. Hay 6 comentarios.




Erase Una Vez

Cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama.

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