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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004. La pregunta Tenía su destino en mis manos porque él había querido. Una sola pregunta. Me hizo una sola pregunta y su futuro fue mío. Una respuesta rebuscadamente verdadera lo llevaría a su complicada meta, pero una respuesta sabiamente equivocada lo hubiera extraviado totalmente en la inmensidad de esta amable vorágine.. Y él lo sabía. Y aún así quiso ponerse en mis inciertas manos. Que conste que nadie lo obligó a aceptar mi respuesta equivocada ...o no... ¿Qué capricho me daría? ¿Lo confundiría para siempre o lo llevaría por el recto sendero de la verdad?. ¿Lo volvería loco con lo enrevesado de mi voluntad o sería flecha directa hacia la diana? Y fue entonces cuando observé cómo su rostro se transformaba a cada gesto mío, cómo asentía, se preocupaba, se inquietaba, se desesperaba, todo a la vez, tan sólo con que cambiara yo el grado de timbre de mi voz... Se sentía aturdido, negaba, quería explicaciones... ¿Qué antojo me inundaría?...¿Lo confundiría para siempre o sería flecha directa? En esos momentos yo era ese Cesar de pulgar indeciso, ese que arañaba la muerte o cantaba la vida, ese que tenía los destinos de las gentes en su poder. Y todo cambió de repente. Su mirada, angustia. Su incomprensión, ignorancia. Su ignorancia, incomprensión. Su angustia, su mirada. Levanté el pulgar hacia arriba. De hecho siempre lo hago. No soy un Cesar fuerte... - Siga usted recto y en el segundo semáforo tuerza a la izquierda. Se encontrará una calle ancha ligeramente cuesta abajo. Sígala. Al final, vaya a la derecha y en la replazeta que se encuentre, haciendo picoesquina está la tienda de los jamones. - Especiales. Muy ricos. - De nada, hombre, que sienten bien. Hasta otra. Y es que ya se sabe... hoy por ti mañana, por mí. Sobre gustos... Me gustaría contar una historia que hable de deseos cumplidos, de amores ennoviados, de gentes amables y de sonrisas abiertas.Me gustaría expresarme con frases como el tiempo es para vivirlo, o no por mucho madrugar los amaneceres serán más bonitos o tal vez, ojos que no ven ellos se lo pierden. Me gustaría no tener que hablar, que simplemente emitiéramos ondas de estado de ánimo para comunicarnos, o que nos entendiéramos con nuestras miradas. Me gustaría fotografiar a los que quiero y atesorarlos cerquita de mi imaginación para tenerlos más a mano en los momentos complicados. Me gustaría dormir en tu cama, pasear a tu lado, ayudarte a respirar, besarnos bajo el agua, tenernos veinticuatro horas seguidas, pintarte mientras me pintas, ser tú mientras soy yo o quererte así desde mi habitación. (Menos mal que nunca leerás esto. ¡Qué verguenza no decírtelo a la cara!...) Me gustaría ir abrazando a la gente por la calle, llorando de alegría porque sí, porque tengo suerte de que me quieran y de querer, y de que los demás me entiendan por mi estado de ánimo y se pongan a fotografiarme y me atesoren cerquita de su imaginación porque son amables y de sonrisas sinceras y viven su tiempo con los ojos bien abiertos. Esas fotos Me han fotografiado durmiendo en un sillón con un globo atado a la oreja, sentado en calzoncillos con la tapa de una olla por sombrero y una escoba en la mano, disfrazado de vieja con su pañuelo negro liado a la cabeza, sacando la barriga (y vaya barriga) junto a mi cuñado con un litrito de cerveza a mi vera, y también desnudo, pero la que me llego al alma fue la que me tomaron haciendo el amor encima de un ordenador en la oficina en un día loco que tuve.Esas otras fotos Y ahora tocan las fotos en las que he cometido el pecado de atentar contra la dignidad de las personas. Por ejemplo, tengo una de mi mujer recién levantada, otra de mi cuñada hablando, otra de mi cuñado (sí, sí, el de la cerveza) debajo del agua y con la cara desencajada,como si hubiera estado encerrado en una jaula él solo con catorce tiburones, doscientas pirañas y cuarenta cocodrilos a la vez, otra de mi padre miccionando a un barranco, otra de mi madre con unos escarpines de submarinista entrando a una playa con piedras y una de mi hijo mayor creando el día, que es la que sale en el post aunque ésta no sea pecado sino simplemente bonita.Por supuesto, hay también algunas otras fotos soeces que me callo por no escandalizar... Golpe de efecto Cuando me encuentro con unos ojos bonitos, una sonrisa sincera, un cuerpo admirable o una cara preciosa, automáticamente meto la barriga y ensancho el pecho... por si acaso se fijaran.. La mañana del Sábado, mis críos y yo, nos pusimos delante de una pared. Íbamos armados de raquetas y de varias pelotas de tenis, y todo consistía en pegarle a las pelotas con las raquetas para que rebotaran en la pared y no fallar para que durara la jugada y no se aburriera nadie. Como siempre pasa en estos casos nada salió bien. El pequeño terminó dándole a una pelota de tenis con palas de playa porque le pesaba demasiado la raqueta. Los mangos de las palas se le salían cada dos por tres y me pedía que se los arreglara. El mayor hacía lo que podía y yo le daba explicaciones para que mejorara. Luego le daba más explicaciones. Luego le daba las mismas explicaciones pero de otra forma y luego me iba a comerme las pocas uñas que me quedan a un rincón, contaba hasta cien y volvía. Cuando teorizas a alguien sobre la filosofía del “mira cómo se coge la raqueta”, “dale a la pelota con la raqueta recta”, “te sujeto la raqueta y tu mano aquí con la mía”, “así no”, “así sí”, explicas escondido tras la espalda del alumno como lo haría un profesor cobarde que no da la cara, entre otras cosas para evitar quedarse sin ella, claro. Es un “trabaja pero seguro, así que no hagas el tonto y no te pongas delante o a los lados, a tiro de raqueta”. A lo que iba. El profe cobarde le dice a su alumno que saque dando a la pelota por delante y de abajo arriba porque es mas fácil ahora que está aprendiendo. Le coge la mano y la raqueta y le enseña el movimiento. Tres veces. A la cuarta lo va a hacer él sólo y el profe cobarde que se esconde tras su espalda lo anima: “¡¡Ahora tú!!, ¡¡Hazlo como antes!!... pero al canalla del alumno le puede mas la televisión y el saque de Carlos Moyá que los consejos de un vulgar padre y saca como en el tenis: Raqueta hacia atrás con fuerza para darle a la pelota con poderío. El profe cobarde ya no tiene cabeza. Tiene un cráneo destrozado. Y un dolor de ceja enorme. Y una mala leche impresionante. El chichón crece por momentos y hay una poquita de sangre, para que no falte de nada. Me voy a mi rincón a terminar con las uñas, beberme los dos litros de agua que llevábamos y contar hasta tres mil. A puntito de hacer una barbaridad. . El sábado por la tarde, salí a la calle y me miró MUY FIJAMENTE una chica de ojos bonitos que estaba esperando el autobús, pero es que la dueña de un cuerpo admirable que salía del portal de su casa TAMBIÉN, TAMBIÉN. Y, de vuelta al piso, la novia cara-preciosa, sonrisa-perfecta de un vecino ¡¡ME HA DICHO “HOLA”!!. ¡¡Hasta en casa me han acariciado la cara!!. Y lo mejor de todo es que no tuve que meter la barriga ni ensanchar el pecho. Esto de llevar la cara marcada tiene sus ventajas. El mismo domingo seguimos con el tenis... El balcón Apoyado en la barandilla del balcón de mi castillo veo la vida pasar. Ahora que entra el invierno, tengo siempre un molesto charco de sudor a mis pies en el que chapotean conscientemente los zapatos para manchar a las piernas, pero ellas se esconden la una tras la otra llenando de risas la habitación. Me sobra la camiseta, así que me la quito y le digo que se siente junto a mí, que vamos a ver la vida. Es entonces cuando llega mi hijo, nos sentamos todos y comenzamos a hablar de las cosas del balcón.Lo primero que les digo es que escojan una piedra del montón que hay junto al postigo de la ventana, que tiene que llevar el letrero de “piedra con puntería asegurada”, porque a veces hay que lanzarla lejos y no podemos correr el riesgo de errar. Lo segundo que les digo es que tienen que tirar a la cabeza de los patos, porque es la única forma de que se caigan. Lo tercero que les digo es que hay patos de muchas formas: con forma de elefante, con forma de caballo, con forma de jirafa y algunos con forma de toro, y ya, muy raros, muy raros los que tienen forma de interrogación, que son muy sorpresivos por naturaleza. Mi hijo ensaya apuntando con una piedra plana de pizarra, yo con un pedrusco diamantino desengarzado del anillo de un mariscal y mi camiseta como no tiene ni brazos, ni boca, ni piernas, pues no puede. ¡Qué invierno más crudo! Mi camiseta está empapada de sudor, la silla de mi hijo protesta porque piensa que se ha orinado encima y mi sillón, que es perezoso hasta para mecerse (lo hago yo y así lo saco a hacer deporte), sigue durmiendo. ¡Ya está! Sale el primer pato en forma de caballo. Ese es mío. Lo sé por su manera de correr tan serpenteante, porque tiene el don de ponerse colorado cuando le increpo y por su estruendoso graznido (o parpido) parecido a mi vozarrón. Lo he tumbado a la primera. Es el caballo de mi trabajo, el trote cochinero de las horas pesadas, el galope de mis prisas, el graznido de mis protestas... Todo al suelo, de un diamantazo. Ahora sale un pato con forma de avestruz. Mío. Mueve la cabeza rápidamente, de un lado al otro, corre como el viento y levanta columnas de polvo con sus enormes patas. Mi camiseta se gira al montón de piedras muy excitada, pero como ni tiene cara, ni tiene brazos, ni tiene piernas, pues no puede. Me abalanzo a por una piedra pómez y se la lanzo con todas mis fuerzas, aterriza en el lago más allá del avestruz. He fallado. Me esperan grandes riesgos porque he errado... ¡No!. El pato observa la piedra pómez flotando en el agua y no entiende que una piedra pueda flotar, así que se la come y cae fulminado. Era el avestruz de mi adolescencia, mi impaciencia, mis ligereza... todo al suelo de un pomazo. Mira qué pato tenemos ahora. Es un pato con forma de mono, y ése es de mi hijo, busca por todas partes cosas que no sabe para qué emplearlas, se rasca mucho la cabeza cuando se pregunta algo que le cuesta autoresponder y salta de rama en rama usando manos, piernas y cola. Mi hijo va a disparar y le freno la mano. No quiero que tumbe el mono de su curiosidad tan pronto, el mono de sus equilibrios con sus situaciones, el mono de sus saltos de opinión. Y así transcurre el día. Yo tumbo casi todos los patos que me salen al paso. Sólo he dejado uno de esos raros en forma de interrogación porque no voy a tirar mi futuro, claro, y otro en forma de viejo elefante, porque todavía conservo la juventud de mi cerebro y tampoco era cuestión de abatirlo. Mi hijo, lo único que ha podido derribar ha sido un pato en forma de cachorro de león, que graznaba tan fuerte como mi pato-caballo, que ya se sabe que de tal palo, menuda astilla, y que significaba su pronta petición de independencia. Mi camiseta, como no tiene ni manos, ni pies, ni cara pues no ha podido. Mañana saldré a buscar todos esos patos. Vendrá mi hijo. Mi camiseta como no tiene manos, ni pies, ni ojos, pues no podrá venir. Mengánez Desde que le oí a mi amigo Mengánez decir que sus mejores amigas eran las novias de sus amigos, ya no fue más mi amigo ni vio más a mi novia. Y aunque él juraba (perjuraba, diría yo) que ya tenía novia en su pueblo y que sólo había sido sincero conmigo porque era su amigo, yo, que sabía que era alto, rubio, de ojos azules, con carita de niño bueno, deportista, muy simpático y que tenía en su revólver más muescas amorosas que Billy el niño gente asesinada, le retiré mi amistad y mi confianza.Por eso me extrañó que, después de tantos años y aprovechando que el tiempo esconde recelos, estuviéramos cenando en una pizzería del centro de Aguilas, hablando de pasados lances de estudiantes, del presente de lejanos amigos y de mi antigua novia, ahora su mujer. Comprobé que mantenía su filosofía de la vida y que seguía obteniendo sus mejores amigas de las mujeres de sus amigos, y lo sacó a relucir dos veces, dos. Pero esta vez no me alteré. Incluso le reí la gracia, aunque maldita la gracia que me hacía. Los recelos se estaban desperezando de su letargo. Pero como lo conocía y sabía que no era de los que malgastaba palabras esperé a ver lo que se llevaba entre manos. Entre la segunda y tercera cerveza, me terminó proponiendo que siguiera su filosofía de encontrar filón productivo entre las esposas de mis amigos.... como la suya... (“porque yo soy tu amigo ¿verdad?”). Sonreí con placer. Me había levantado la novia y ahora me la devolvía porque le quemaba en las manos, y jugaba con mis sentimientos dormidos y los de ella, que según le fui sonsacando seguía añorando una relación que pudo ser pero que no fue. Me explicó los celos de su mujer, o de mi antigua novia, como se prefiera, y las ventajas que tendría para él, con sus visitas a esos lejanos amigos... y sus mujeres, claro, y de las que disfrutaría yo, el despertar del primer amor, el mejor, el de los impetuosos y cálidos abrazos, el que me hacía sonreír mirando al cielo cada vez que me acordaba de ella, y el que me desgarraba el corazón cuando pensaba que ya no estaba... Llegamos a los postres. Entre amplias sonrisas encargó una botella de cava para rematar la cena y celebrar mis silencios y mis miradas de desconcierto. Me estaba tentando en un pulso entre mis sentimientos y su deseo. Y al final (como soy humano tuve que esperar al final) le susurré la respuesta a sus plegarias: -“Mengánez, cómo me gustaría, Mengánez, no sabes cómo me gustaría. “ y nos serví las dos últimas copas de cava mientras su rostro de niño bueno alumbró una última sonrisa en el brindis . -“Pero mi mujer, tu antigua novia, no me perdonaría nunca que fuera tan idiota. Por cierto, te manda recuerdos desde la mesa de enfrente”. Y me levanté a buscar a mi esposa, que le dijo al pasar “Paga también aquella cena.” Y nos fuimos paseando a disfrutar de la brisa del mar. Después de todo nos la debía ¿no?. Delicatessen Hace unos días lunaaaa y el que suscribe, mox, nos regalamos con una cena íntimamente pública. El menú era especialmente sencillo y estaba salpicado de aromas intensos, de excitante calma y de contactos intangibles.Queremos repetir la cena, pero ahora la queremos hacer públicamente íntima, así que colocaremos más sillas para vosotros. Si queréis venir estáis invitados. Sólo hace falta que os acerquéis con vuestras soberbias especialidades para que las probemos todos. Y aquí el menú: Entrantes: Ensalada de besos dorados al sol del amanecer después de una oferta de amor, acompañada con salsa tibia hecha con caricias de lóbulo de oreja cálida, tierna y apetitosa. Primer plato: Festival de roces disimulados rellenos de ternura y salteados con abrazos emocionados. Se acompaña de vino blanco oloroso, marcado matiz afrutado, con mucho cuerpo y miradas entregadas. Descanso: Auténtico sorbete de cuello afinado en su base y retocado suave, muy suave en el hombro. Segundo: Miradas de indiscreción al horno de leña, abrasadas en carne de amor, con manzanas de pecado original, y de acompañamiento salsa roja pasión flambeada a la enorme fascinación. Se riega con caldos tintos de alto grado, roble al paladar, que permanece en el tiempo... Postre: Helado de placer con cereza de adorno... De final a escoger: Vino dulce, dulce, dulce... Cava burbujeante, esponjoso, en copa larga y refrescante... Música de fondo: El repertorio particular, por el experto maestro don Acariciador de Guitarras. Bon apetite Lunaaaa + Mox. Compartid vuestros platos El invasor Tuvo que reírse. No le quedó más remedio.Mi pequeño saltó a nuestra cama porque le dolía una uña del dedo gordo del pié derecho, o lo que es lo mismo, que se había hartado de estar solo. Se entremetió en nuestras sábanas, le descubrió el ombligo a mi mujer, lo acarició y gritó “¡¡¡Qué suaaaave tienes la barriga, mami!!!”. Luego se apoyó en el vientre y se puso a escuchar atentamente. Estuvo así un ratito, que para él es un eternidad, hasta que se desternilló de risa. Sin parar de escuchar y reírse, de reírse y escuchar, nos acabó diciendo “¡¡¡Mamá, tienes un corazón pedorro !!! ” Mi moza no tuvo mas remedio que reírse... y eso que era domingo y las seis de la mañana. Liberación Me han despertado con una bofetada que me ha tirado al suelo. Después como un resorte he vuelto a por otra bofetada... y de nuevo al suelo, y de nuevo otra bofetada y al suelo, y muchas veces y muy seguidas. Cuando me parecía que no lo aguantaría más, me han salvado, sujetándome entre dos manos, casi con mimo, como sopesándome, abrigándome, dándome cariño. Pero luego, esas manos salvadoras me acaban de traicionar, porque me han arrojado lejos, al aire, y aunque al principio he sentido como una liberación (volar es una liberación), luego he visto la altura y he sentido vértigo y miedo de caer, como cuando eres poderoso y recalas sin saber ni cómo ni por qué en el duro nivel cero.Vértigo de caer en picado hacia lo desconocido, dando vueltas y más vueltas sobre ti mismo, vértigo de giro, desmayo y desplome. Hubiera gritado si no me hubieran desposeido de mi boca. Hubiera vomitado si gozara de estómago. Y ahora un golpe seco contra una madera y otro final contra un cable curvo de acero y por un agujero de aire me enredo en una telaraña de cuerdas y caigo, a plomo, al duro nivel cero. Con prisas, de mano en mano, me conducen según la secuencia bofetada - suelo, bofetada – suelo y vuelvo a liberarme volando, planeando, ascendiendo... y otra vez el maldito vértigo al caer, los malditos giros, las malditas tripas que se me revuelven aunque sepa que por dentro estoy relleno de nada, el agujero de aire, la red y la caída seca final... Y así durante cuatro tiempos de diez minutos. ¡¡Estoy harto!!. No hagáis como yo. No queráis disfrutar, como yo, de unos segundos de liberación (volar es una liberación), porque la caída siempre es injusta aunque justificada. Así que nunca se os ocurra reencarnaros, como yo, en una pelota de baloncesto. Adivinanza 4 Esta es fácil.Cuentan que dos niños vieron una manzana en lo alto del manzano y quisieron comérsela, pero no podían llegar hasta ella. Estaba muy alta. Uno de ellos, medía metro y medio se llamaba Luis y era el más alto. El otro medía metro y treinta cms, se llamaba Pedro y era el más bajo. Calcularon que haciendo una torre, subiéndose Pedro (el más bajo) encima de Luis (el mas alto), la cogerían. Se equivocaron por apenas unos centímetros. Desolados se sentaron cabizbajos a los pies del árbol. De repente, Luis tuvo una brillante idea. ...Y no tardaron mucho en comerse la manzana. ¿Qué hicieron? Siglos que duran minutos Tenía delante cuatro montones de cartas y algunas más desparramadas por el suelo. Casi había acabado el solitario. Me senté junto a ella, y me quedé recogiendo su nuca con los ojos, y besando el aire que la rodeaba, simplemente porque sabía bien. Se giró y me clavó su mirada. Aguanté lo que pude, que es más de lo que pensé. Me deslicé hasta quedar enfrentado a ella, sin cesar de examinarnos. Y muy cerquita de su nariz cayó la mía. Bizqueaba. Festejábamos ese bizqueo con suaves sonrisas.Y no se por qué. Mi tristeza acudió a una cita tonta con las señoritas lacrimales y una gota salada y caliente resbaló por donde jamás tenía que haberlo hecho. Con un movimiento de limpiaparabrisas experimentada su mano abofeteó la lágrima, sus labios lamieron la carretera abierta en la mejilla y acabaron buscando el inoportuno manantial para desecarlo. Y no se porqué. La busqué con mis brazos pero me rechazó. Cabeceé primero y agaché la cabeza luego y quedé un momento perdido en el suelo, desenfocada la mirada, contando las manchas dibujadas en las losas. Con sus dedos duros me izó la barbilla y volvió a buscarme entre mis ojos. Me recuperó, claro, y permanecimos así sin movernos durante un siglo que tan sólo duró un minuto, casi sin pestañear y acompañados de Madre de Deus. Hasta que nos abrazamos... muy hondo. 20/11/2004 09:15 Enlace permanente. Hay 6 comentarios. Sexualidad de una moxca .. .![]() Cuando una mosca macho quiere aparearse con una hembra primero la persigue hasta que la convence de que le haga caso, luego se orienta hacia ella y le canta una canción de amor con vibraciones de sus alas; si la hembra lo acepta se deja tocar (con la patita), y si todo sigue bien el macho lame los genitales de la hembra, después la monta y simula una copulación, pero no la consuma, y por último copulan. Por si alguien tiene aficiones de biólog@. No te dejo. Me ha borrado mis palabras. Todo lo que estaba escribiendo. Y no lo entiendo. Siempre, hasta ahora había sido un programa fiel que reproducía lo que mis dedos le transmitían, y lo hacía con una amabilidad que rayaba el consentimiento (haz conmigo lo que quieras, dime y yo escribo). Y hace unos minutos, se ha rebelado. Y eso que tenía el cursor parpadeando, la página en blanco esperando ser escrita y hasta el tipo y el color de letra que me gustaba. No lo entiendo. Tan sólo he pensado mal de un amigo porque no me ha hecho el favor. He escrito sin escribir palabras como “no, perder tiempo, conmigo, favor, amigo, dejar de serlo”... Un momento. Acabo de releer las palabras que no se han escrito... y me he sorprendido mirando a la pantalla aliada... Creo que he comprendido por qué mi querido word no me dejó escribir nada. Tormenta Mis problemas son míos y de nadie mas...Pero ocurre que uno, que es un poco iceberg, siempre los deja emerger aunque intente disimularlo. Y así, cuando a alguna tormenta le da por desatarse, aunque le pongas una cúpula de cristal para que no salpique, habrá personas que te pregunten "¿Y qué te pasa?"... Luego tú decides si les abres la cúpula para que naden en la tormenta. A veces corren el riesgo de ahogarse contigo y lo sabemos. A veces serán mano de santo, tocarán la espuma rabiosa de esas olas gigantes y las convertirán en suave rumor de orilla de playa. A veces se arrepentirán de haber entrado y querrán ganar la costa abandonándote a tu desgracia. Lo bonito es que existan muchos de esos “a veces”, pero de los que aguanten ciclones, tifones, huracanes y lo que les echen. Que te puedan decir aquí estoy para lo que necesites y no quiero nada mas que mañana seamos capaces de mirarnos sin tormenta, porque la hayamos superado. Pero eso, como pasa en los cuentos, además de bonito es utópico. ¿Qué será, será?![]() Ya van dos veces. Y en menos de diez días. La última, esta misma mañana haciendo compras en el Carrefour. La cajera, en lugar de pedirme amablemente que pusiera todo en la cinta (incluidas las cuatro cajas de seis cartones de leche), se ha tumbado sobre la transportadora para moverme las susodichas y verificar que no escondía nada. Luego, ha tenido la cara dura de preguntarme que si la leche era RAM o PULEVA, así es que le he dicho que lo comprobara ella, que total, que no se iba a fiar de lo que le dijera. “No, hombre, no, por Dios” (Falsa, mas que falsa). Y la primera fue buscando una sucursal bancaria. ¿A quién le pregunto de entre tanta gente? Pues a la señora que viene cabalgando hacia mí, claro está, que además de ser guapa tiene pinta de saber. Pues antes de pronunciar el “Oiga, por fav...” me estaba diciendo “¡¡¡Ahora no, que llevo mucha prisaaa!!!” y me dejó con la boca abierta y la palabra aún descolgándose por entre los dientes. Como no soy muy ágil para estas situaciones, me quedé de piedra haciendo “la estatua de la boca abierta”. Deduje que ella pensó que le iba a contar mi vida para pedir dinero o venderle un paquete de kleenex, aunque también me miré la bragueta por si la tenía abierta y su pensamiento hubiera sido “Uy, que me viola”. Luego me dio mucho coraje y lo pregunté en una tienda. Total, me dijeron que no había ninguna sucursal cerca de allí. Y como siempre me pasa en estos casos de humillante lentitud mental manifiesta, procedí a pensar lo que le hubiera dicho de tener la lengua ligera. Se me ocurrieron bastantes cosas, irreproducibles, claro. Pero ahora me queda la gran pregunta ¿y por qué? ¿Le sonreí demasiado? ¿No le guiñe el ojo lo suficiente? ¿Llevaba los calzoncillos por fuera de los pantalones? ¿No iba con el DNI de buena persona en la boca? ¿Me tenía que haber bajado ostentosamente la portañuela y así darle la excusa para huir?, si le hubiera preguntado Santiago Segura, ¿hubiera escapado igual? (soy mas guapo que Santiago Segura)...¿o tal vez sea la barba en sugerente e inquietante combinación con el chandal?... |
Erase Una VezCuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama.
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