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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2004. Rabo de nube Acaba de leer. Cierra el libro y lo abandona, descuidado, en la mesa. Sonríen sus ojos. Estira brazos, manos, piernas y pies como si buscara crecer de golpe dos palmos y consigue en el intento hacer volar varios cojines del sofá. Su camiseta de tirantes negra se encoge... Su ombligo socarrón aparece y me guiña un ojo... Se acortan sus minúsculos pantaloncillos... Se alarga su cuello de cisne... Se retuerce aún mas su cintura de serpiente... Y de un salto se puso en pié, dejó sobre la mesa el libro, apagó la tele, me cerró la boca abierta, se quitó la camiseta me guiñó un ojo y salió del comedor. Como tardo en reaccionar, le da tiempo de llegar al dormitorio y acostarse boca abajo, con la cara enterrada en la almohada, las piernas separadas y unas palabras gritonas explotan en el aire. - ¡Tráete la crema! Entré corriendo con la crema en una mano y mis pantalones en la otra, su camiseta entre los dientes y una toalla al cuello. - Ya sabes lo que tienes que hacer. “Tragar saliva como un loco”, pensé. - Sí, cariño. Ponte cómoda – dije. - ¿Más?. ¡Anda, empieza! Aunque nos habíamos duchado un rato antes, ya acudían perlas de sudor a nuestros cuerpos. O por lo menos al mío, en concreto a mi frente. Mi frente era como el chorro de una fuente. ¿Su cuerpo?. Moreno, descansado y relajado, firme en los hombros, tierno en la cintura, respingón y provocador el trasero, de seda en sus muslos, de arcilla en sus piernas. Negros rizos en la nuca que me estorbaban, y que sujeté a la cabeza con su toalla. Mis manos libres. Silvio Rodríguez. Rabo de Nube. Me senté a su lado. Atemperé la crema en mis manos. La extendí por toda su suave anatomía. Comenzaba el espectáculo. Le amasé los hombros, llegando hasta su cuello, su nuca e incluso más arriba, y volví en dirección contraria una y otra vez. Apoyé los dedos y presioné haciendo círculos, en uno de los huecos de la clavícula. Volví a amasar toda la zona. Ronroneos escapan de sus labios, cada vez más profundos, cada vez más débiles. Los pulgares capturaban una y otra vez montículos de carne compacta que se elevan y se pierden, que juegan alegres al escondite por toda la espalda. Y más sonidos tranquilos que flotan entre el calor y que huelen, sensuales, a lo que te imaginas. Pero quiero terminar con el masaje y por eso me aislo por completo para repartir la justa presión en el punto justo, nutrir con crema hasta lograr un deslizante surco por donde corren mis dedos y deshacen el engarrotamiento del músculo, aplanar, estirar, recoger, golpear controladamente, dejar caer mi propio peso, durante casi cuarenta y cinco minutos sobre esa espalda tan tensionada hasta lograr la absoluta relajación. Silvio dejó de cantar, el calor continuaba, el silencio de la noche me visitó y quedaron mudas mis manos... y ella también. ... ... ... ... Me duché, me acosté, busqué su mano, barajé sus dedos con los míos y me dormí. Pequeño Saltamontes Los jóvenes monjes shaolín Buho Despierto y Pequeño Saltamontes deberían ir a buscar al Gran Maestro Saholín al lejano templo Chan para acompañarle en su regreso a casa. El camino era largo y enrevesado pero consiguieron llegar hasta las inmediaciones del gran templo, justo hasta un cruce de caminos en el que se encontraba un anciano descansando de su viaje. Como tenían duda sobre qué camino escoger, le preguntaron al anciano que muy amablemente les dijo que había dos posibles y les indicó el que a su juicio era el más seguro para evitar a una banda de ladrones que actuaba por la zona.Le hicieron caso, pero se encontraron con los ladrones que les robaron ropas y calzado. Al llegar al templo su Maestro, después de proveerles de nueva vestimenta y escuchar la historia les preguntó: - ¿Qué enseñanza habéis extraido de este incidente? Los dos jóvenes se miraron y fueron conscientes de la importancia de las palabras que dijeran frente a su Gran Maestro. Buho Despierto fué el primero en hablar: - A pesar de las apacibles apariencias, no debemos confiar en nadie. Pequeño Saltamontes tragó saliva cerró los ojos y habló: - Hay que esperar lo inesperado. El Gran Maestro expulsó del Templo a Buho Despierto porque sabía que no serviría para reconocer almas y se esforzó en que Pequeño Saltamontes conociera toda su sabiduría. Pero yo sólo conozco Buhos Despiertos. La tapa Yo tapeo.Tú tapeas. Él tapea. Ella tapea. Yo tapeo con matrimonios (anchoa + boquerón en vinagre + chorrico limón)o marineras (rosquilla untada con ensaladilla rusa y anchoa coronándola) Acompaño con Estrella de Levante fria, fria, fria (y si es especial mejor). ...................................................... ..................................................Él (mi padre) tapea con medio huevo duro coronado con una anchoa y rociado con chorrico aceite de la lata de anchoas. Acompaña con Martini Rojo, el vaso lleno de cubitos, aunque en sus tiempos añadía a seis dedos de Martini, dos hielos, dos dedos de Gordon´s y cubría con Casera. Un palillo con dos olivas rellenas y un trozo de limón completaban el cuadro. Ella tapea con queso blanco a la plancha, rociado con aceite de oliva. Acompaña con Cervecita fresquita. ¿Y tú? A por flores Las escaleras sirven para alcanzar cosas inalcanzables.Dos hermanos se enteraron que había un jardín entre las nubes que albergaba las flores más hermosas del universo, y como querían regalarle un gran tulipán a su abuela que estaba en el hospital tuvieron que buscar una escalera muy larga para llegar hasta el cielo. Por aquel entonces las escaleras eran salvajes y pastaban en los prados de la montaña y para capturarlas había que enlazarlas y cabalgarlas hasta que se rindiesen. El hermano mayor, con su astucia, descubrió las huellas de una manada de escaleras y guió al hermano pequeño hasta unos matorrales, cerca del río, donde las esperaron ocultos. Al acercarse para beber agua, el hermano menor, con su puntería y agilidad enlazó a la más alta y la cabalgó hasta rendirla, y rápidamente se subieron ambos en el último escalón y galoparon hasta la nube más baja del cielo, donde estaba el jardín de tulipanes. Encontraron un gran tulipán que lloraba alegres gotas de rocío. Las escaleras sirven para alcanzar cosas inalcanzables, no como la sonrisa de la abuela a sus dos nietos cargados con una maceta de azaleas. Acoso De espaldas a mí, de pie, cabizbaja, lee. Sigilosamente me acerco, la recojo entre mis brazos, cadera con cadera pero su espalda contra mi pecho, como a traición. Susurro quedo detrás de su oido, entre sus rizos oscuros...- Hola mi amor (léase como Javier Gurruchaga en ¡Hola mi amor yo soy tu lobo)... Soy tu obseso sexual... Entonces, sin perder el contacto de nuestros cuerpos, se gira pausadamente, muy pausadamente y me mira, me mira de arriba abajo, me sonríe, me guiña un ojo, me mira, me mira de arriba abajo otra vez y se vuelve a seguir leyendo. Y escucho. - Obeso, cariño, obeso... Sé que le gusto. Lo noto por las cosas que me dedica. Otro día, otra hora, otro momento, la misma escena...(quedo, muy quedo al oido, a medio camino de su nuca...). Con voz melosa... - ¡Con-taaa-míname! ¡¡Mézclate conmigoooo!! (cántese como Pedro Guerra, porque como Ana Belén ni de coña, vamos). Entonces, sin perder el contacto, me mira y me remira... y escucho, también muy quedo. - Chirrías. Y otro día más, y otra hora y otro momento, pero la mismita escenita, la mismita... - Quisiera serunpez para meter mi nariz en tu peceraaa y haser burbujas de amor por dondequiera UUUU-u-uu (sí, sí como el Juan Luis Guerra y lo 4 40, pero muy sensualrlrlrl) Entonces, sin perder el contacto, se gira, me mira, me remira, se aprieta...y escucho...esta vez como más agitada la cosa... - ¡Fantasma! (y más bajito, con menos decibelios) Anda y ven a asustarme esta noche. Cadena de Sonrisas Estos días he estado en el hospital, en plan voy y vengo, para estar con mi madre porque la han operado. Todas las mañanas he bajado a la cafetería, pequeña y, a pesar de estar siempre llena de gente, no demasiado bulliciosa. He pedido algún zumo que otro y a continuación he hecho lo que todos allí: buscar un asiento libre, que por necesidades de acomodo y por estar yo solo en esos momentos, normalmente lo encontraba frente a alguien desconocido. El protocolo era más o menos siempre el mismo. Buenos días. Buenos días. ¿Está libre?. Sí (y un gesto o una mirada o un indiferente giro de cabeza a ninguna parte me indicaba que podía sentarme). Yo luego haría igual, claro. Es el protocolo.La cafetería por la mañana estaba llena de ojos ensimismados, masticares lentos, periódicos abiertos y cafés humeantes. Vamos que casi parecía cualquier conocida cafetería anónima de la ciudad. Gente sufriendo por dentro su propia procesión y pensando la mejor forma de resolverla o simplemente intentando desconectar de ella. Muchos de los que estaban ingresados tenían más vida que los que estábamos allí, como en cualquier conocida cafetería anónima de la ciudad, por supuesto. Pero hace tres mañanas mi mirada transparentemente opaca ¡cobró vida!. ¿Qué pasó? Pues que vi entrar a una chavala con una gran sonrisa en la boca, en sus dientes, en sus carrillos hinchados de contento, con una gran sonrisa en los ojos, en sus arrugadas patas de gallo, con una gran sonrisa en sus andares resueltos y ligeros, en sus nerviosos movimientos, y, sin saber por qué, me sentí bien. Pero es que miro alrededor y casi tod@s estábamos presenciando el espectáculo... y cuando se sentó (en una mesa vacía, que no hubo protocolo) las mesas volvieron a convertirse en una conocida cafetería anónima de cualquier ciudad. Pero las buenas vibraciones me acompañaron todo el día. Hace dos mañanas entré en la cafetería con mi zumo en una mano y la MEJOR de mis sonrisas en la otra. Andaba con mucha gracia, resuelto y presuroso entre las mesas, la barbilla alzada, mostrando los dientes hasta las encías y todas las patas de gallo que podía, incluso me reí cuando tropecé con una silla que no vi y le cayó zumo al guardia de seguridad o cuando empujé a la camarera que estaba reponiendo servilleteros y prácticamente la tiré sobre una mesa, y cuando me negaron el asiento en dos mesas seguidas me hizo gracia y no le di importancia. Mi sonrisa y yo habíamos conquistado la cafetería porque todo el mundo ¡PERO TODO EL MUNDO! me miraba alegre y divertido, rellenos como pavos de buenas vibraciones. Horas después dieron el alta a mi madre. Ayer mañana me hubiera gustado estar en esa conocida cafetería anónima para ver si alguien continuó la cadena de sonrisas. Un beso y una azalea, mamá. Cochinadas Exquisitas Como yo, que inundo con mayonesa los macarrones con tomate.Como mi hijo que se come las palomitas con Ketchup. Vacías Palabras .Siéntete tú.... Siéntete tú... . ¿Qué quieres conseguir?... Tus palabras están vacías, y tu y yo sabemos que no significan nada. Sólo es sonido que se diluye en tu garganta y se pierde en mi mente. Hablo y sé que hablo porque percibo el movimiento de los labios. Oigo y sé que oigo porque la cabeza me estalla con lo que recibe... pero no escucho... me es imposible escuchar. ¿A qué suenan tus palabras? ¿A música triste? ¿A hueco? Llórate, que tus lágrimas te ofendan y me insulten. Date pena y ponte triste por dar pena, que las lágrimas de otros te sirvan al menos de lúgubre baño para satisfacer tu estúpida ansia de dolor fingido. ¡Joder qué mierda! ¿Y para qué lo hago? ¿Y por qué lo digo?. Si todo es falso. Si no me siento ni a mí. ¿Y qué vendo? ¿Y porqué lo compras? ¡¿Y por qué lo compráis?!... Si son palabras exquisitas, pero vacías... Si son palabras exuberantes, pero ¡vacías!... Si son palabras excepcionales... pero vacías... Sostienes tu ridículo librillo relleno de palabras perforadas en la mano, y de pie, en mitad de la habitación, tu mirada dormida apuntando al cielo, recitas (con voz temblorosa, a borbotones), una ampulosa poesía escrita con tu sangre y con tu vergüenza. Le cantas con orgullo a la belleza de tu tierra, al sol que la baña, a la mar que la arropa, pero con palabras llenas de vacío, con música triste, con sonidos huecos. Y se la recitas a mudos que no te entienden, y sabes que sus silencios gritan más que tus palabras. Se la recitas a sordos que tampoco hablan y sabes que sólo disfrutan de los dibujos que trazan en el aire tus manos. Se la recitas, también al resto del mundo, que sabe lo que tú y lo que yo. Que tus mudos y sordos tienen hambre. 20/10/2004 12:00 Enlace permanente. Hay 4 comentarios. Mi habitación preferidaEn una habitación hay dos personas. Sentadas. No se hablan. Una de ellas se reclina, se tumba, se gira y se acerca las rodillas a la cara. Para que no se escapen, las sujeta con sus brazos. La otra desenfoca la mirada y la nubla a voluntad. Terminan por cerrar los ojos y piensan ambos en su habitación: un mar allí enfrente, el Sol colgado en el techo azul intenso salpicado de pequeñas y lejanas nubes blancas como la nieve, una brisa marina remolinea al abrir las ventanas, un húmedo olor salado, un suelo de pura arena fina embellecido con numerosas piedras blancas como el algodón, , una pared que llega hasta aquellas rocas tan amarillas, de formas tan rebuscadas, y la otra que llega hasta la duna de la montaña, detrás, el caminillo de acceso que serpentea entre los matojos. Ahora están tumbados y se examinan. Las toallas rellenas de arena. Se sonríen. Las olas se revuelven entre blanca espuma. Se abrazan. El sudor refrigera los cuerpos . Se dan paz y calor. El viento arremolina los cabellos. Se buscan entre besos. La oradora La novia de mi sobrino no es dentista, pero me deja con la boca abierta cada vez que habla... A mi y a otros siete. Lo curioso del caso es que todos esperamos ansiosos oírle hablar para movernos aunque nos parezca estúpido lo que nos dice. El otro día, por ejemplo, nos hizo marchar dando botes de un lado al otro. También ir de espaldas mirando al techo con una pastilla de plástico en la frente. Y si a mitad de camino nos rebelamos y nos paramos, ella, que nos observa, nos azuza insuflandonos ánimo y nos regala aplausos. Nos remuerde la conciencia y llegamos siempre al final para volver a escucharla. A veces nos reta a grandes empresas y otras nos pide un rápido esfuerzo. Y mientras habla, todos abrimos la boca y nos reímos de las cosas que dice por lo extrañas y complejas que son. Hasta nos deja bromear entre nosotros para ver quién es el guapo que lo hace el primero. Y nos sentimos pequeños, como si la miráramos desde por debajo de sus pies. Delante de ella me siento flotar... Yo y otros siete.Cuando salimos de la piscina nuestra monitora suele finalizar la sesión con unas risas y unas frases de afecto. Y es entonces cuando ya no me falta el aire y puedo respirar por la nariz... Y los otros siete también. El Árbol de los Caramelos Pero tú sabes que en los cuentos, los caramelos crecen en los árboles, ¿verdad?. Crecen todo el año en sus verdes bosques y los recogen los fabricantes para envolverlos en papelitos, meterlos en bolsitas y repartirlos a todos los niños y mayores que quieran. Hay caramelos de todos los sabores. A mí, los que más me gustan son los de sabor a beso, porque son muy dulces y calentitos y además hacen ruido si te los comes con fuerza. Puede también que te salga un caramelo de beso amargo. Pero eso sólo les pasa a las personas mayores y se cura con los caramelos que les regalan sus niños. Otros que me encantan son los caramelos de sabor a verdad. Je, je, cuando te tomas uno, ya puedes inventarte la mayor mentira de la historia, que cuando la vayas a contar, no podrás. Esos caramelos no le gustan a mucha gente y a casi ninguna persona mayor (aunque te digan que sí, no te fíes, que se los dejan para el final y nunca se los toman), pero todos los llevamos encima por si alguien quiere y así, cuando hacemos preguntas, nos podemos enterar de muchos secretos... Pues no, no pica nadie, sólo los inocentes. Hay también caramelos con gusto a abrazo. Esos son de los que más me gustan. Cuando me tomo uno, persigo a todo el mundo para abrazarlo y la gente tiene que salir corriendo, y a alguno pillo, no creas. Pues sí, que es más o menos lo que te pasa a ti cuando vamos a recogerte al cole, que parece que acabaras de comerte dos o tres. Pues claro que hay de sabor a jugar, lo que pasa es que los mayores nos comemos los de sabor a jugar a ganar dinero, a jugar a perder momentos, a jugar a estar tristes, a jugar a encontrarse por dentro, a jugar a respirar olores de otros, a jugar a cerrar los ojos del pensamiento, a jugar a creer en nosotros mismos,... Pero en fin, que los que os gustan a vosotros son los de sabor a jugar con alegría, y que sepas que esos os los mezclan con los de sabor a risas, a contento y a gritos, para que sean los mas sabrosos. Pero hay muchos más. Están los de sabor a pintar, los de sabor a cantar, los de sabor a tocar música, los de sabor a estar con los amigos, los de sabor a compartir otros caramelos, en fin, que hay la tira... Mañana me dices los que más te gustan y si podemos nos vamos a algún cuento a buscar un bosque verde de árboles de caramelos y nos traemos una cesta para casa. Yo me pido uno con sabor a escribir. En busca de un tesoro personal "Es precisamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace la vida interesante."Recogido de El Alquimista. Pero si queréis que os diga la verdad, me gustó más Once Minutos que ésta su "obra bandera". Quizá porque me identifico más con el tema del que escribe en Once Minutos (tratamiento del amor)que con el del Alquimista (tratamiento del destino). La de arriba es, para mí, de las mejores frases del libro. El Rompecuentos Las habitaciones de todos los niños están recubiertas de armarios. ¿Verdad?- Sí, papi. Esta es la historia de un niño que abrió cada puerta de cada armario que encontró en su habitación, incluso la del armario más secreto, que fue descubierto una tarde de lluvia, cuando su mamá rescató de su profundo fondo un par de relucientes botas verdes de agua. - Papi, ¿cómo se llamaba el niño? - ¿Cómo quieres que se llame? - Uuuuu... Álvaro. El niño Álvaro tenía mucha curiosidad por saber qué contenían todos los cajones de todos los armarios de la habitación. Una vez se encontró un calcetín sucio, y otra una caja de zapatos vieja y otra el león de plástico que se le perdió de pequeño... Pero una noche, justo en el armario secreto, encontró una extraña bolsa redonda de cuero. La abrió y una luz salió de su interior. Quiso saber qué producía la luz y hundió su mano en ella y sacó... - Papi, no sigas - ¿? - Que me das miedo. - Pero si es muy bonito, mira, sacó... - ¡¡¡Que noooo!!! (¡UY! ¡UY! ¡UY! Se avecina tormenta. Mejor no meneallo). - Bueno, vale. No te lo cuento. Ahora, bebe zumito, cierra los ojos y piensa cuando juegas con tus amigos en el cole y te lo pasa bien. - Papi... - Quééééé - ¿Me cuentas los tres cerditos? El perfilPuede ser por coquetería masculina o tal vez porque quiere que su gente lo recuerde apuesto. El caso es que mi padre siempre ha salido con su mejor perfil en las fotografías. Al menos hasta que llegué yo. Desde que comencé a sacarlo raro (desde atrás, mirando por encima de su hombro a la cámara, o con el objetivo apuntando desde su barriga al cielo y sacándole como si acabara de encontrarse un molesto chicle pegado al zapato, o cuando acerté a tomarle una dudosa sonrisa por el lado malo), ya no me mira de igual forma. Su pose se desvaneció en cuestión de dos rollos de película y siguió perdida todo el tiempo que me dio por mostrar a la gente con los gestos naturales de no-estar-prevenidos-delante-del-fotógrafo. Eso sí. En reuniones de familia que exigían el retrato para el recuerdo oficial del acontecimiento, mantuvo la pose. Se situaba siempre a la izquierda del grupo, hinchaba pecho y vigilaba la cámara dejando ver su lado izquierdo levemente girado. Una medio sonrisa iluminaba su cara de satisfacción cuando el flash le indicaba que el momento había sido inmortalizado y su mejor perfil grabado para la posteridad. Vamos, más guapo que Julio Iglesias. Cuando me vi en esta foto, retratado por mi lado malo, que es precisamente su lado bueno, sin siquiera sonreír, sin sacar pecho, y sin girar levemente la cabeza, sin peinar, con la boca abierta como un pasmarote y con todos los pelos de los hombros a la vista , automáticamente comprendí que la venganza es un plato que se sirve frío. Mi peor perfil ![]() ¡Ah! ¿Qué quién hizo la fotografía? Mi hijo, claro. |
Erase Una VezCuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama.
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