Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.

Sueño

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Soñé que era un adulto en edad escolar recién llegado a una clase de adolescentes y que se quería integrar como un compañero más. Pero cualquier intento de acercamiento siempre terminaba en un rechazo total y absoluto.

Un día la profesora ideó un extraño juego. Nos sentó en círculo para que todos pudiéramos vernos las caras y nos propuso que escogiéramos un objeto imaginario con las manos y que lo pasáramos al vecino. No se podía hablar. Sólo podíamos mirarnos a los ojos y hacer gestos para hacer ver lo pesado o lo voluminoso que era. Todos coincidimos que era un juego muy estúpido, pero como había que pasar la hora allí sentados, comenzamos a jugar. El primero le pasó al segundo de muy mala gana un objeto imaginario sostenido con manos temblorosas indicando así el gran peso que soportaba. El objeto fue pasando de mano en mano y llegó hasta mí.
"¿Puedo improvisar?" pregunté a la profesora.
"Sí, si son sólo gestos y no hablas."
Entonces, sin decir palabra, me levanté del asiento y golpeé con los nudillos una puerta invisible que debería de abrir el compañero vecino, por cierto, uno de los líderes de la clase. Como me miró desconcertado y sin saber bien qué estaba haciendo, volví a repetir el gesto, pero encontré la misma respuesta. Me encogí de hombros y me arranqué algo de las orejas y de los ojos y me sorprendí. Entonces, con una sonrisa, le pasé el “paquete” que ahora sí aceptó.

Habíamos terminado la ronda cuando la profesora pidió que explicara mis gestos al resto de los compañeros. Les chocó cuando solicité que los interpretaran ellos. Todos fabularon sobre puertas cerradas o visitas incordiantes rechazadas, pero les sorprendí otra vez diciéndoles que acababa de hacer un experimento. Callaron y esperaron curiosos a mis palabras.

“Veréis. Como sólo escuchaba silencio, tenía serias dudas de si estaba flotando en el espacio exterior de una nave espacial o no. Allí sabéis que los sonidos no se propagan porque está vacío, pero claro, aquello no podía ser porque respiraba, es decir, que por lo menos habría aire. Hice entonces el experimento de golpear mi pared para comprobar si estaba encerrado entre muros de algún rincón imposible y escuchar al menos los golpes. Pero no sonaron.

Entonces lo comprendí todo. Había algo que me impedía ver y algo que me impedía oír. Me quité las gafas negras impenetrables de mis ojos y me arranqué los cascos en los que sonaba la música de mi vida (tan alto que no podía dejarme oír la de los demás), y más tranquilo, regalé un paquete a mi vecino. Me hizo gracia que lo recibiera porque él tenía puestos cascos y gafas y a pesar de eso, supo recogerlo sin que se le cayera”.

No dije nada más y me senté.

Todos comprendieron que era así tal y cómo me sentía estando entre ellos, que había hecho el esfuerzo de acercarme pero no me dieron ninguna oportunidad. A partir de entonces...

Pero en fin, ya se sabe lo que ocurre en los sueños. Lo normal es que se nos escape el final por la puerta de atrás y no nos acordemos nada más que de lo impactante...

Solo que mi sueño fue una excepción...

10/01/2005 17:43 Enlace permanente. Tema: Buenas noches Hay 16 comentarios.

¿Dormís?

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De entre la noche, escondidas las sombras, se revuelve el día. Hoy hay frío. Las nubes se tiñen claras allá lejos y tiritan rocío. Hoy hay calma. Los coches iluminan ráfagas de amanecer y pintan la noche adormecida de brillos. Hoy hay bello. Las manos buscan la piel desnuda entre las mantas para robarle calor. Hoy no hay. Me levanto y mis ojos se disparan a las manchas del techo y las recuentan. Hoy quisiera que hubiera. La bata, la leche, el niño, el otro niño, las palabras, las protestas, las risas, las regañinas, las peleas, las comidas, los invitados, la calle, la película, las caricias, el edredón, la noche (vuelve la noche). Hoy, cansancio. Nos sujetamos la cara con dedos de alas de mariposa, nos besamos con sabor a chocolate y nos olemos nuestros cuellos de limón hasta rendirnos al sueño.
Y viene ese momento de la noche. Despierto intranquilo en la hora de las brujas y mi compañero se viene conmigo a navegar un poco, a leer blogs y a escribir todo lo que se asoma al teclado, a comprobar a otros insomnes. Luego, casi cuando se cae el alba del cielo, me ataca el traicionero dolor de párpados y busco un edredón mágico que me reconduzca a la intranquilidad del sueño.
De entre la noche, escondidas las sombras, se revuelve el día. Hoy hay frío.
15/01/2005 03:34 Enlace permanente. Tema: Buenas noches Hay 5 comentarios.

Adivina, adivinanza

corporet.jpg
Hace un año y medio, mi vida giró de la noche a la mañana. Y fué un giro con dolor físico primero y psicológico después. Y fué entonces cuando tomamos una decisión (mi esposa y yo) y me lancé a un año vacío relleno de esperanzas, esperanzas de cambiar de vida, de poder querer a los míos con todo el tiempo del mundo, de recuperar cordura y serenidad y de retomar las sensaciones que perdí hace ya mucho tiempo (esas que todos guardamos en nuestra caja fuerte, esas que nos enternecen al recordarlas). Había una vocación aplazada (o no, según se mire) en la que intenté poner ganas e ilusión y que terminaba en examen. Como suele pasar en estos casos no salió. Pero no me preocupé. Había ganado más que perdido y eso me mantenía entero.

Seis meses más tarde voy a firmar un papel. Lo voy a firmar esta misma mañana, entre las diez y las once, y quedaré totalmente desvinculado de mi vida anterior y entraré en la nueva, por la puerta de atrás, con pocas horas a la semana, en algo que no llega a ser..., pero con mucha, mucha ilusión, porque al fin al cabo, aquí quiero estar.

¿Mis miedos? Mi fobia a la organización, a dejarlo todo para última hora, a llegar tarde o en el último segundo, a que no me entiendan ni yo a ellos.
¿Mis certezas? Que lo haré cada día mejor. Mi rápido aprender de perro viejo. Mis objetivos finales para con ellos.

Menudo pulso...

Seguramente mañana, cuando vuelva a releer este post lo borre. Ya sabéis, es un contar sin decir. Es jugar un poco a mi vida sin saber si realmente vivo. Es adivinar realidades imaginadas o si lo preferís imaginaciones reales. Además, a mi libreta le hubiera dicho más (aunque no de esta forma, lo tengo que reconocer)...

Veremos...


Me lo he releido hoy. Me gusta. Me es muy sincero y lo voy a dejar.
19/01/2005 00:51 Enlace permanente. Hay 13 comentarios.

Pájaro de pico de oro

F4PB8501 Magritte.jpg
De una lucha entre dos nubes nació el pájaro del pico de oro.
Y como puedes suponer no era un pájaro vulgar.
Le gustaba la poesía y la música, las matemáticas y la química, y aunque no supiera dibujar, admiraba los vivos colores del arco iris, las blancas nevadas de las más lejanas montañas, los azules luminosos de los mares tropicales y las acuarelas vibrantes de los pintores de la tierra.
Tenía la costumbre de volar tan cerca de las nubes que rozaba a veces la luna y sus rayos plateados se entremezclaban con su dorado plumaje y al surcar las ciudades, escuchaba claramente los gritos de admiración de las gentes.
Se alimentaba de canciones que flotan en el aire, como las de las olas al romper en una cala rocosa, como las del viento al jugar con las copas de los árboles o como las palabras del juglar cuando escapan de sus labios.
Disfrutaba oyendo contentos, viendo la oscuridad y tocando perfumes.
Siempre andaba buscando inspiración para firmar tus más bellos deseos, tus mejores momentos y, no lo dudes, tus risas más sinceras.
Pero un mal cazador lo capturó en un peor sueño y todo se volvió gris.
Salgo a buscarlo siempre que duermo. Y también mis amigos y mis vecinos y todos los que leyeron el anuncio en el periódico. Algunas veces sueño feliz porque creo que lo recuperé, pero no. Sólo son recuerdos crecidos de los que me sembró el pájaro del pico de oro.
Pero esta noche sé que tú lo encontrarás y cuando lo liberes de la jaula del cazador, sólo le has de pedir que vuele lejos de los que le odien y que de vez en cuando, se acerque por tus sueños para engordarlos de cosas que te hagan sonreír, como ahora mismo, que mientras duermes, te alegras de soñar.
24/01/2005 02:08 Enlace permanente. Tema: Buenas noches Hay 4 comentarios.

Viajes de ascensor

espejo.jpg
Cerré la puerta doble del ascensor y pulsé el cero. Para entretener la espera me reflejé en el espejo y terminé por aplastarme un poco más el pelo, me supervisé la limpieza de los dientes, me guiñé un ojo y ensayé una postura seductora apoyado en la barra imaginaria de una cafetería imaginaria exhalando la última bocanada de humo imaginario antes de la total prohibición del tabaco en lo público.

El indiscutible vaho humeante que nació de mi garganta, síntoma de frío extremo, empañó el espejo y no me quedó más remedio que enfundarme el abrigo de piel de foca, suave y cálido, enguantarme las manos para evitar su congelación y cubrirme con el capuchón la cabeza y las orejas.

Ya preparado, recogí el arpón del suelo y comencé a buscar el rastro de los renos que había perdido ayer al caer la noche. Las huellas aparecían claras en la nieve. Había tenido suerte porque ninguna ventisca nocturna las borró. Los tenía cerca. Los presentía.

Decidí correr durante un pequeño tramo para entrar en calor, así que aseguré el cuchillo de caza con una fuerte tira de piel, muy al fondo de las botas y comencé a trotar como trotaría un muñeco de trapo por entre las nieves perpetuas de aquél desolado lugar.

Hice mal. Desperté la curiosidad de un pequeño oso que no debería estar merodeando por allí. Se acercó rápidamente por detrás, me trabó las piernas para hacerme caer y saltó sobre mí. De un empujón me lo quité de encima. Ahora corrí como un loco. Sabía que lo peor estaba por venir. Y, desgraciadamente, no me equivoqué. Mientras corría poniendo en mis piernas la gasolina de la desesperación, escuché una y otra vez el profundo rugido de la madre del cachorro repetido cada vez más cerca. Debía de estar orgullosa de que el bebé encontrara comida. El osezno aguardó a su madre para iniciar desde el principio una cacería en toda regla y experimentar el cobro de aquél animal tan extraño que huía empleando tan sólo dos patas.

La angosta entrada de una cueva, fácil de defender con el arpón, era mi única esperanza y un golpe de suerte al doblar a la carrera una pequeña colina helada me la ofreció en bandeja. Me iba la vida en aquellos cincuenta metros escasos que me separaban del agujero excavado en la pared de una gigantesca roca que se elevaba en mitad de la nada. Treinta metros y los osos los tenía pegados a los talones. Me quité la capucha y la lancé a un lado y la osa se desconcertó un momento. Lo suficiente para ganar diez metros más. Miré con pánico hacia atrás. La osa se preparaba para saltar. En el último instante esquivé el salto, la osa se resbaló y gané otros diez o quince metros. El sudor helado, los pequeños ojos desorbitados, la estrecha entrada del agujero. Lo podía conseguir. En dos zancadas me planté junto a la gran roca y me agaché para entrar en el escondite. Al mismo tiempo que preparaba el arpón, sentí que algo tiraba de mí y me arrojaba lejos. Aturdido me giré en la nieve con el arpón en la mano dispuesto a defenderme y la osa, de un zarpazo, me lo arrebató de las manos. No me quedaba otra que gritar, cerrar los ojos y esperar lo inevitable.

Se abrió la puerta del ascensor y me escapé al portón del edificio. El vecino del segundo me miró como se mira a los demonios y entró mascullando palabras hirientes. Huí calle abajo y entonces escuché un grito desgarrador y recordé que el vecino del segundo era más fondón que yo.
26/01/2005 21:49 Enlace permanente. Tema: cosas del calor Hay 4 comentarios.




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Cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama.

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