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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005. Cuestión de Supervivencia![]() A mis hijos le decimos que busquen al papá o la mamá cuando: a) Al papá: - se hace caca el nene y hay que ir al wc por si se cuela. - hay que hacer (o comprar) la comida - hay que jugar al futbolín y dejarse ganar - pide un cuento (o tiene mucho cuento) - hay que llevarle al baloncesto (pero esto lo hago con gusto) b) A la mamá: - hay que acostarse con él un ratito antes de dormir (¡ojo! que si se queda traspuesta le toca sufrirME como cenicienta a su príncipe le sufrió) - hay que hacer deberes (conmigo huyen) - hay que hacer un puzzle, construir algo con el mecano o armar un animal que se convierte en monstruo, que se convierte en robot, que se convierte en camión espacial - hay que darle ánimos y mimos ( a mí no me deja nada... bueno, un poquito sí) 02/03/2005 11:32 Enlace permanente. Hay 3 comentarios. LA VIDA FUTURA![]() Acabo de recoger a los niños del parque. Como ya han jugado bastante, les he sacudido un poco el polvo y los he guardado en el bolso. Ahora tomaré el autobús hasta casa. En la parada hay haciendo cola otras cinco mamás con sus bolsos que protestan y me insultan cuando me cuelo y me subo al primero que llega. Me gusta esta idea del Ayuntamiento de, en horas punta, contratar a cinco mamás con sus bolsos llenos de niños sin polvo que esperan al autobús para que te insulten cuando te cuelas. Quita monotonía a tus quehaceres cotidianos. Le doy la dirección de casa al autobús, pero primero me lo tengo que ajustar a mi talla de pié. Ya está . Echo la moneda y mientras me lleva a casa leo la revista de cotilleo de moda. De Moda, cumple hoy 10 años de edición y hay un suplemento especial. Me pongo las gafas magnéticas tridimensionales para leer y sin darme cuenta llego a casa. Saco a los niños del bolso. Los armarios y las duchas corren a por ellos y en un plis plas los duchan y les ponen los pijamas. Yo, mientras, preparo la cena. Llamo al telepizza y pido una de carbonara y otra de atún con bacon, jamón York y extra de queso. También un poco de ensalada para que se note la dieta mediterránea. Abro la ventana y recojo la pizza que ha venido volando. Ahora me toca poner la mesa, así que la saco del cajón, le estiro las patas y le aliso el tablero. Los cubiertos son automáticos así que no me preocupo de ellos. Los niños se sientan a cenar. Les pregunto cómo les ha ido la Universidad y me dicen que bien, que tienen deberes. Demostrar la teoría de Schöredinger en el átomo de hidrógeno. Desde luego ¡menuda educación! ¡Cada vez peor!. A estas alturas, en mis tiempos ya estábamos en el átomo de He. En fin, les digo que es fácil y que les echaré una mano. Se zampan las pizzas y se retiran a sus cuartos a estudiar. Le cambié las pilas a los lectores de libros así que no tienen excusas para salir de allí. Ahora espero a mi marido. Llega como siempre a las 2 p.m. Hoy dice que ha trabajado mucho, pero no le creo. Estoy seguro que la secretaria se lo devora. Ayer le faltaba un trozo de muslo y hoy ya le noto a faltar una pierna entera. En fin, ya se le regenerará esta noche. Él sigue con sus sucias mentiras y siempre las tengo que lavar yo. Cada vez son mas sucias y ya no sé qué detergente usar. Tendré que inventar otro. Pide la comida y le digo que se la haga él, que yo ya he tenido bastante con la de los niños, y que no grite tanto que están muy sensibles. Dice que le da la gana gritar en su casa, y que como nos está grabando, no podré denunciarle por malos tratos. Si ya me lo dijo mi madre, que éste marido le caía mal, y de hecho la última vez que le cayó, terminó con ella. Ahora seguro que viene del bar de beber leche con canela con los amigotes y de ponernos a parir a todas sus esposas hablando mal de nuestras habilidades en la cama (que si ya no le penetro como antes, que si ya no aguanto tanto, que si los hijos me la han dejado fofa. Qué sabrán ellos de parir.) (--Mi marido escoge el mejor huevo de avestruz y se hace una paella, luego abre una caja de espaguetis y los engulle crujientes casi sin sal. Cocina mejor que yo, no hay duda.--) Desde la revolución del 2 de Mayo de 2808, las mujeres pasaron a llamarse hombres y los hombres mujeres. Desde entonces gestamos en el escroto y parimos por el glande y por supuesto que nos cuesta trabajo movernos embarazadas. Los nombres de hombres están prohibidos. Nosotros somos simplemente nosotras y adoptamos hasta los veinte años de casados sus nombres que luego se emancipan y se los damos a nuestros hijos para que no se pierdan en el camino de su vida. Yo tengo dos hijos que me costó un ojo de la cara amamantarlos y adopté por tanto a dos nombres, que ya están bastante creciditos. Si me divorcio otra vez, la gente murmurará, lo sé, pero me tiró los tejos el vecino del quinto. Ya sé, ya sé que no consigo cambiarme de escalera con mis seis divorcios, pero es que el barrio me gusta y el edificio también. En el próximo me iré al edificio de enfrente, que me ha dicho la del segundo que se divorció el otro día que sus esposos son bien avenidos. En fin, que me voy al gimnasio, a cansarme con las máquinas y no ver más a mi marido, que seguro que se irá a jugar al tenis americano, al snow-fútbol y al strip-poker, y vendrá tarde. Cuando me tumben en la camilla, me pongan los electrodos de tres máquinas a la vez (una de ellas la de abdominales), me concentraré en cualquier sopicaldo y dejaré que me succione con apetito algún hombre con cara de oso hormiguero. O me iré a Africa a morirme de sed o me iré de inmigrante a Venus. En fin. Tengo que rehacer mi vida. (me voy a volar un rato y ahora vengo) Vacío![]() Quiero borrar las lágrimas de tu cara, asustándolas con sonrisas y abrazos que te curen el alma. Necesito que me cojas la mano y la aprietes hasta que me duela y me ilusiones. Caigo en tu vida y me urge solucionarla, conseguir que navegues por aguas tranquilas, como tú haces con la mía. Una noche blanca, un mar dulce, una balanza desequilibrada, un sinsentido escrito en mis labios. Así me veo. Hueco, pura cáscara de melón amargo. Quiero tener tu cuerpo y tu proyecto, tus pasos y tu huella. Necesito un viaje a tu cama, a tu dominar los juegos. Me urge dejar de decir vacíos y fabricar momentos. Dejar de quejarme con alegría y de alegrarme de mis quejas. Quiero decir menos y hacer más. Ayúdame. Rodar![]() Llegaron, nadie sabe de dónde, y a pesar de ser nosotros un pueblo desconfiado, pronto nos convencieron. Cuando aparecieron por entre las cabañas de la aldea abriendo los brazos e inclinando sus cabezas amables repetidas veces, pensamos que unos seres así no nos traerían peligro. De caras pintadas y tatuadas, vestían con ropajes oscuros. Andaban como si se deslizaran flotando entre nubes bajas y eso nos impresionó tanto o más que la primera vez que les escuchamos articular un sonido. Porque sus voces cantaban mejor que nuestras flautas y si se ponía atención se captaban murmullos de ríos torpes enredados en curvas retorcidas o suaves ecos de profundas montañas cargadas de nieve. Sus gestos invitaban a comunicarnos y pronto logramos entendernos. Por todo eso, tampoco fue difícil maravillarnos ante la sencillez del mundo y su proyecto para mejorarlo. Nos pedían colaboración. Y nosotros se la dimos. Veréis: Nuestra aldea se situaba en la zona de las luces perpetuas, así que para dormir se habilitó la Gran Cueva. Por turnos, varias familias dormíamos a la vez mientras el resto hacía vida. No dejábamos que nuestras lágrimas asomaran y nunca nos pudo ningún sentimiento. Todo se medía en función de nuestra necesidad de dormir y nunca llegamos a sentarnos a contemplar el tiempo ni a capturar el cuerpo de otro dejando el propio en prenda. Ellos venían de la zona de las sombras perpetuas donde la luna reinaba y la poesía invadía sus vidas, dejando los abrazos como moneda de cambio frecuente, los besos como pago impagable, y la unión de sus espíritus como terrenal y alcanzable. Todo lo medían en función de su necesidad de querer y acostumbrados como estaban a la oscuridad nos sorprendió que fueran capaces de dormir con los ojos abiertos. Porque para nosotros dormir era el ritual más sagrado, de ello dependía nuestro ritmo de vida. Cuando nos dijeron que no nos haría falta la Gran Cueva para retener un poco de oscuridad, que podríamos ver en la oscuridad con nuestros propios ojos la luna y enamorarnos de nuestros sentimientos, y que ella nos inspiraría poesía y corazón, en fin, cuando nos describieron la noche y solicitaron nuestra ayuda para tener algo que deseábamos más que nada, no nos importó compartir la luz perpetua. En absoluto. Nos contaron que eran viajeros incansables y que habían logrado llegar tan lejos que habían vuelto de nuevo a su propia ciudad, pero entrando por el lado opuesto: habían vuelto al punto de partida del viaje. Por esto y después de estudiar las estrellas de su noche, revisar sus rutas y hablar con todos los pueblos de la tierra, habían llegado a la conclusión de que el mundo era esférico y que la mitad de él siempre estaba soleado y la otra mitad en sombra, es decir, el mundo estaba parado. Trazaron entonces hasta tres líneas en el mapa del mundo que lo cruzaron de lado a lado y enviaron mensajeros a todas las aldeas situadas allí. La idea era solicitar ayuda para ponerlo en marcha. Una vez convencidas las gentes de esta necesidad de dejar que el mundo rodara, a lo largo de las líneas se colocarían todos los habitantes disponibles y a la señal de una bengala todos al unísono darían un paso hacia delante, y con un preciso intervalo de tiempo de dos segundos, darían cinco pasos seguidos, y tras otros dos segundos, diez más, y así hasta no parar de caminar. El proyecto se realizó con precisión matemática y nos encontrábamos todos preparados para dar el primer paso. Un nerviosismo se extendía a lo largo de nuestra línea. Los últimos de nuestra aldea saludaron a los primeros de aldeas vecinas y a lo lejos se observaban en ambas direcciones cómo la línea humana se perdía en ambos horizontes. No se oyó ninguna respiración hasta percibir la bengala. - ¡Ya! Y un murmullo de alegría recorrió el mundo. Hasta hoy. La hora golfa![]() Entre las tres y las cinco de la mañana. Ya sabéis. La hora golfa. Oí una queja. Pero ni caso. Seguí a lo mío. Y entonces una mano me toca la espalda. Me la palpa como para convencerse de algo. Luego, no contenta se va a la cabeza. También, como para convencerse, da dos o tres palmaditas en la coronilla. Pero creo que no ha acabado de convencerse. Porque después de todo, nada la impide palpar un trozo de cara mal afeitada. Varias veces. Arriba y abajo. Abajo y arriba. Ya convencida, la mano se posa en mi cadera. En el hueso. Glup. Escalofrío sensual. Respuesta inmediata. Se me levanta. ¡Sí! ¿pasa algo?. Me aprieta para fijar mejor la posición. Abro los ojos como Amenabar. Sonrisita tontita. Y mi cerebro mensajea al sudor, que se prepare, que preparados, que listos, que... que no. Que ahora me zarandea. - Mox.... Mox.... el crío. Que quiere zumo. - Brurmpfgrrrr. Son las... - ¿Estás empalmado? - ¡Sí! ¿pasa algo? Y me levanté de la cama, con el sueño roto, dolido de intenciones malintencionadas y moxqueado como cualquier moxca con expectativas desexpectativadas a darle zumo al niño. Hola primavera.![]() Cuando abrí mis ojos, casi abandonado ya, los suyos se escapaban de sus órbitas. Su garganta, en un grito mudo, me reclamaba más, pero no la supe escuchar. Y con la sombra de la duda y sin saber muy bien qué hacer, quise retirarme. Pero no me dejó (ahora ya lo sé. ¡Cómo iba a hacerlo!). Sentí tan fuerte el golpe de sus manos en las caderas que me hizo temblar y violentamente, entrar de nuevo. Entonces estalló en la habitación un rugido ronco escupido al viento: "¡¡Acábalo, cabrón!!", y provocó empujones que me volcaban dentro de ella, hasta que volvió a quedarse quieta, respirando fuerte, gritando muda, preparada para sentir. Y esta vez fui yo quien me agité con furia en sus entrañas. Quedó en tensión todo su cuerpo, y me atrapó tan profundo y tan íntimo en su interior que cuando aulló de placer, se derrumbó sobre mí y creí que me asfixiaba, exploté. ..... Le busqué una mirada cómplice, pero lo único que hallé en sus entornados ojos fue el murmullo de las olas batiendo la playa, y una sonrisa feliz. Como la mía. Revueltos![]() Y por eso estoy aquí, en la terraza de la azotea, para no ahogarme entre paredes. Así además, me dejo refrescar por un viento de alas de gorrión que me entresaca ideas, sentires y propósitos. Sin saber cómo ha sido, he viajado en el tiempo esta tarde. Me he visto sentado en aquel último pupitre de la clase, doblado de dolor, con la cabeza gacha para que no se me vieran las lágrimas y deseando salir y respirar. Ese ahogo tengo ahora. Y no lo quiero. No sé por qué. No lo entiendo... O sí, pero no lo quiero entender. Me refugio al aire libre, cerca de las estrellas, lejos de las calles, y aún más lejos de mi cama. Necesito no dormir, tener un insomnio decente. Por lo menos una noche y que me respete las ganas de llorar, y de oirme soltar desde la tripa hondos gemidos largos y apagados como las velas recién sopladas de un velatorio. Necesito ese baño de madrugada en el Mediterráneo para que se confundan lágrimas oscuras con aguas claras cargadas de noche. En fin... Igual![]() Es como cuando me encontré ese billete tirado en la calle hace ya muchos años. Igual. No paraba de mirar al suelo por simpatía, por si acaso se hubiera perdido algún otro y lo fuera a encontrar así. Durante muchos meses mi cuello fue un anzuelo de pescar billetes. Anteayer, en un semáforo, me miró una mujer por la ventanilla del coche. Me sonrió, arrancó con la luz verde y desapareció. Ahora me emparejo con todos los coches que llevan mujer incorporada por ver si me sonríen. Cuando detengo el coche, justo a la altura de la ventanilla del otro, giro la cabeza, la inclino sobre el volante y sonrío. Hasta hoy he conseguido que me sonrían dos niños, una anciana y un señor de mediana edad (pues sí, ya acepto sonrisas de todo el mundo). El resto disimulan y miran al otro lado de la ventanilla. Pero mirar al otro lado de la ventanilla de un coche es como mirar a los pasajeros del coche de al lado y cuando circulo por una avenida con tres carriles o más y aprovecho un semáforo en rojo provoco un efecto dominó de miradas desconcertadas. En cierta forma me expando y llego a todos los coches que se alinean conmigo para capturarlas. Mañana me despediré de mi familia y viajaré a Madrid y luego a Barcelona. Me encanta experimentar con avenidas anchas. Y por supuesto no os parecerá raro si os digo que sueño cada noche con los semáforos de París, Londres, Ciudad de México, Buenos Aires, Nueva York y San Francisco. Pero sé que todo llegará. Durante muchos meses mi cuello parecerá un alambre que se retuerce en cada semáforo del mundo y brinda la oportunidad a mis ojos de que les sonrían. Hoy he llegado a tu ciudad... ¿O es que acaso no me has visto hurgar con una mirada y una risa por el interior de tu coche mientras esperas que se ponga en verde el semáforo? |
Erase Una VezCuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama.
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