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08/10/2005

Tarde

CIUDAD-DE-CORAZONES-PARTIDOS (RAULVILLALBAFOTOS.COM.AR).jpgAyer llegué tarde a mi entierro.

Estaban todos reunidos llenando de lágrimas amargas mi dulce cajón negro, brillante como el azabache. Por dentro, estaba revestido de suave seda roja replegada una y otra vez contra las paredes. Y en ese vacío me aguardaba mi descanso eterno. Pero como siempre me pasa en los grandes acontecimientos de mi vida y de mi muerte, tuve la indecencia de aparecer veinte minutos tarde. Pero aunque me vieron llegar sudando y alisándome con prisa las arrugas de la corbata disimularon muy bien el “no verme”.

Si, sí, ya se que tropecé con un candelabro y su velón encendido, que nos caímos al suelo con mucho estrépito la vela y yo, que todo el mundo se asomó a ver el fuego que devoró los periódicos de la sala y que cuando se daban cuenta quién era el incendiario, se les empañaban los ojos de indiferencia pudorosa, de un no querer ver para no tener que verme.

Sí, sí, ya se que el que me ayudó a levantarme y a meterme en el ataud ni siquiera era de mi entierro, que era el protagonista de uno vecino, que, como luego me dijo, le dio apuro ésta mi situación tan embarazosa:

“Claro, es que si no hubiera llegado usted tarde, le habrían introducido en su atezado nido”.

“Usted perdone, oiga, pero es que no me salía el nudo de la corbata”

Y como había ya un poco de familiaridad en el trato, iniciamos una conversación trivial mientras introducía mi pié en la caja.

“¿Y usted de qué se ha muerto?” pregunté.

“Pues de una cosa muy rara, oiga. Me partió un rayo”

“¡Uy! Ayer le dije a un cobrador del frac, ¡Anda y que te parta un rayo!, entre otras cosas no muy agradables.

“¡Ah!, Pues entonces fue usted”

“Ay que ver qué cosas. El mundo es un pañuelo. Permítame disculparme.”

“No, si ya no tiene remedio”

Y claro, se fue mosqueado. Cosas que pasan y que no se pueden evitar.

Cuando ya me centré en mi papel, muy serio, muy inexpresivo, muy glacial, deposité las manos sobre mi vientre y me eché la última mirada en un espejo de vitrina que había frente a mí y que me devolvía todo el esplendor de mi imagen, y lo que ví me sonrojó hasta el punto que alguien llamó al médico del tanatorio sospechando que había vuelto a la vida, porque incluso cambié el gesto adusto por una gran sonrisa.

“Mira que muerto más alegre” oí decir a alguien.

“¡Qué indecencia! Escuché a otro. “Mira que venir desnudo a su propio entierro”

Forcé aún más la sonrisa (mi corbata me llegaba sólo hasta el ombligo)...
08/10/2005 00:02 Enlace permanente. Tema: cosas del calor Hay 5 comentarios.

12/10/2005

Me ducho y adiós calor (I) y (II)

ducharet1.jpg
Me ducho y adiós calor (I)
Pongamos que se trate de Agosto en una habitación cerrada, oculta con persianas al fuego de las cinco de la tarde. Pongamos una cama húmeda de calor. Pongamos un cuerpo brillante, de oscuro pelo mojado, de labios rojos de sed. Pongamos una siesta profunda enterrada entre almohadas. Pongamos en fin, un brillo luminoso de aceite de sudor.

Cuerpo desnudo, asfixiado, hielo ardiente derretido, castigado por el dulce látigo de la luz del mar.

No puedo más. Un pié en el suelo fresco y me animo a buscar la ducha. Las gotas de sudor nacen como lo harían en el origen de un río: revueltas se abrazan, se funden y caen por peso en mitad de mi camino al cuartucho de baño.

No cierro la puerta. ¿Para qué?. No espero a nadie. El pié de ducha está encajado al fondo, justo después de la pila para lavarse la cara, del bidet y del Asiento Real. Es un sitio muy estrecho y muy cálido.

Impaciente miro al techo cerrando los ojos y abro el grifo. Recibo un chorro de agua que se evapora al mojarme. Abro la boca y pido más: quiero penetrar en la cañería y recibir el bálsamo de un agua fría que resbale por entre todos los rincones de mi vida, y me lleno de vida la boca y dejo que fluya y se derrame y se estrelle contra el suelo y se la trague el desagüe.

Me ducho y adiós calor (II)

Tan estrecha la ducha que toco con mi espalda el suave tacto del alicatado. Mi calor siente una punzada de frío y algo me recorre desde la nuca a los tobillos.

El grifo cerrado. Las últimas gotas de agua caen lentas, distanciadas, perezosas sobre mi cabeza e inconscientemente alzo la boca y la abro para beberme la última... que no llega.

Y trago saliva y comienzo a sudar, aunque de otra forma.

Juego con abrir unas gotas y dejarlas resbalar por entre mi espalda, y me muevo hacia ellas ofreciéndome, primero la cara, luego los hombros, luego las piernas y me doy la vuelta y dejo que se suiciden, lentas, en mi culo.

Y trago saliva. Enrojecida la piel, tenso el cuello y trago saliva.

Busco el jabón, lo humedezco y comienzo a frotar con los ojos cerrados mi cuello, pezón de un lado, cadera, ombligo, vientre, pezón del otro lado hombro , brazo, mano, cadera, piernas, de una a otra, de una a otra.

Y trago saliva. Durante muchos minutos. Muchos.

Me dejo dominar por mis manos, retardando el contacto que me hará cerrar los ojos de forma tranquila, sin esperar lo inesperado sin buscar lo encontrado sin enredarme en un lago de hilos dulces, como la piel de tu sonrisa, como el tacto de tu boca, como el sol de tus dedos... tus dedos... flotan hacia mí... dentro... como la arena de la playa , como el mar turquesa de una gruta esclava de las olas, como el viento que te nombra... tu voz que me llena y me relaja, que me recubre y me posee, que se cae entre mis brazos agotándose, dejándose ir a mis manos... mis manos... que son plumas que presionan, que resuelven, que frotan con frotes de nubes, de espuma de jabón...

Me dejo caer sin fuerzas, aún encontrando placer, y en cuclillas, abriéndome lo que la estrechez del baño me permite, busco nuevas gotas de agua... gotas de agua que no han dejado de caer, tan ligeras sobre mi cuerpo, sobre mi cara, sobre mi boca, sobre mi lengua, y las trago, para apagar mi sed, las bebo para enfriar mi calor y revuelvo la cabeza para que se repartan por donde ellas quieran.

Dedos que exploran. Y trago saliva. El cuello tenso, buscando el cielo.

Y el frío del alicatado se mezcla con el calor del sudor, con el frío del agua y con el calor del placer y empujo hacia arriba la pelvis en busca de lo que no está aunque mi imaginación lo dibuje, mis ojos lo vean y mi corazón lo sienta.

Sí. Respiro tan caliente que me quemo con el aire de los gemidos que alguien invoca, con lo ininteligible del éxtasis que alguien sufre, con los salvajes balanceos buscando fríos que me hagan sudar.

Sí. Síííííííí. Síííííííi. Siiii. Sii

Caigo. Silencio. Rendición. Gotas frías en mi nuca. Tiempo. Inerte. Tiempo. Ojos cerrados. Tiempo...

Me levanto, me lavo, salgo a mi habitación, busco la cama, me desparramo en ella y me entierro entre almohadas. Pienso.

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12/10/2005 02:13 Enlace permanente. Tema: cosas del calor Hay 6 comentarios.

14/10/2005

Más o menos es así.

el mundo en nuestras manos125.jpg
Tuve un sueño:
Dos enormes patos volaban rasantes y tiraban de mí arrastrándome por la superficie de un río enorme. El río no era sino un río de gente que me empujaba porque no me quería y me devolvía al aire de donde provenía y los patos no querían sino dejarme caer. Tropecé con multitud de cabezas, de puños y de rabia hasta que alguien no me empujó sino que me recogió y me guardó en su bolsillo. Allí hice mi vida y aquí estoy.
A ella le ocurrió igual que a mí, nada más que fui yo quien la recogió en mi río, la metí en mi bolsillo y aquí está.
Ahora estamos cada uno en el bolsillo del otro y a veces nos preguntamos qué pasará cuando tengamos que tirar nuestros pantalones por viejos.
14/10/2005 17:07 Enlace permanente. Tema: Buenas noches Hay 6 comentarios.

22/10/2005

Gazapo

20051024011137-gazapo.jpg

Se esconde detrás de un espejo y me mira con ojos de "no quería hacerlo pero lo he hecho". Yo le miro con ojos de "¿Cómo que lo has hecho?" o de "Así que has sido tú".

Y huye corriendo a buscar una nueva madriguera.

La última vez lo tuve que sacar de debajo de la cama. Pero el gran pequeñajo, escurridizo malandrín, llorando de risa, se zafó de la escasa presión de mi abrazo-prisión y, ojos chirivitas de diamante, mofletes rojos de rubí y dientes de perlas blancas carcomidas por las caries, se refugió donde sabía que no podría jamás alcanzarlo: las dulces piernas de su madre.

Pero ahora, había roto la puerta de un puntapié de mal domado genio y ni la cariñosa nata acaramelada de su madre, fiel aliada en tantas otras ocasiones le libró esta vez.

Sentado pensando llanto pasillo 45 minutos arrepentido perdón lágrimas no lo haré más cabizbajo miró de reojo abrazos mami, papi, hermano cabizbajo tranquilo sólo esa mañana.

Mi gazapo... (mi cuñada dice que los niños, de pequeños están para comérselos y de mayores te arrepientes de no habértelos comido)

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22/10/2005 18:29 Enlace permanente. Tema: Cosas de casa Hay 9 comentarios.

28/10/2005

Dolores de Cabeza

20051028012527-dolores-de-cabeza-culo-jpg

Todo empezó anoche, cuando hicimos el amor con mucha nocturnidad y alevosía y continuó esta mañana cuando repetimos la mucha y variada alevosía pero con luz diurna. Ya no me acuerdo el tiempo que hacía que no se repetía este raro fenómeno.

Luego, a medio día, me inventé un aparcamiento en un barrio donde era imposible aparcar. Fuí a hacer una fotocopia de un DNI y me encontré una cola que se derramaba hasta la puerta de la librería y no tuve más remedio que esperar en la calle, a pleno sol del sureste a las casi dos de la tarde.

¿Alguien sabe lo que es la siesta del borrego?. Sí, esa que te da a la hora del Martini, justo antes de comer. ¿Y alguien se ha quedado dormido alguna vez de pié?. Pues sí, a pleno sol, me quedé dormidito, soñando que soñaba sueños ligeros.

Me despertó un perro callejero que no mediría mas de un palmo de alto. Y además creyó que yo estaba en celo porque se encaramó a mi pierna y empezó a tirársela como si le fuera la vida en ello y yo fuera la última perra sobre la faz de la tierra y se sintiera obligado en conciencia a perpetuar su especie.

Asqueado, me lo sacudí de encima a base de una tremenda epilepsia de pierna, pero como persistía me agaché a coger una piedra del suelo, o a hacer que la cogía, que con sólo el gesto, los chuchos salen por piernas.

En estas, una señora que andaba paseando a su divina perrita (a saber lo que hacían a las dos y media de la tarde la divina y la señora en la calle) se puso a recriminarme, al principio sin miramientos (que por qué le iba a tirar piedras a los pobres animales), luego duramente (¡Asesino violento!. ¡Parece mentira que los humanos seamos nosotros y los perros ellos!. Oiga usted, señora, que se me quería casar. ¡¡Guau, guau!) a continuación violentamente con insultos (¡¡Desvergonzado, descarado, maltratador!! ¡¡¡Socorro POLICÍA!!!... Y mientras, me golpeaba con la correa de la divina sin descanso. ¡¡GUAU, GUAU, GRRRR!!)

Yo, en parte porque no soy violento, en parte porque odio los escándalos, en parte porque me hacía daño, en parte porque no podía devolverle los golpes, en parte por si venía la policía de verdad y en parte porque la papelería de las fotocopias ya la habían cerrado, salí corriendo hacia el coche perseguido por los gritos de ella y los ladridos de la divina.

Debía entregar la dichosa fotocopia en la Consejería de Vivienda para optar a una jugosa subvención. Era el último día de un plazo improrrogable y ya me había peleado con la funcionaria porque no me había querido hacer la maldita fotocopia en la fotocopiadora que tenía detrás de ella y que llevaba diez minutos sin tirar una copia. Además, la misma funcionaria me había denegado el presentar la documentación por falta de algún impreso escondido entre la letra pequeña y ésta era la tercera vez. No podía volver sin ella. Aunque en vista de las circunstancias y siendo las tres menos cuarto, ya daba por perdidos los jugos de la subvención.

Todo esto pasaba por mi cabeza mientras corría como un poseso hacia el coche. Con las prisas de querer refugiarme en su interior intenté abrir la puerta sin quitarle los seguros y la alarma nueva que le había colocado hacía unos días con la voz del Neng chillando a pleno pulmón "¡¡¡¡Socorroooooooo que me quieren robaaaaaaaaaaarr!!!! Comenzó a sonar, así como repetidos pitidos y demás estridencias propias de la situación.

Como no podía ser de otra forma, las cortinas de las ventanas se descorrieron y juraría que por lo menos diez vecinos estaban con el móvil en la mano con cara de rabiosa preocupación describiéndoles a la policía, el ladrón, el modelo del coche y su matrícula. Así que me ví en la necesidad de dar explicaciones y con las manos en alto, sosteniendo las llaves y recorriendo con la vista las ventanas, como hacen los toreros con las orejas y el rabo, paseé las llaves a lo largo de tendido, mostrándolas bien y apagando la alarma y gritando casi con lágrimas en los ojos ¡¡ES MÍO. ES MÍO!!

Me introduje después de recoger la multa que tenía en el limpiaparabrisas del coche (en la que se leía claramente: hay que ver qué manera tiene usted de inventarse aparcamientos) y casi a punto de que la mujer me alcanzara con otro duro golpe de correa.

........

Esta noche, mi esposa me espera con el tanga rojo, el sujetador de puntilla que tanto me gusta y la caja de condones de sabores tropicales. A mí me ha dado un mal presentimiento, así es que le voy a decir que me duele la cabeza y que si lo dejamos para otro día.

28/10/2005 01:25 Enlace permanente. Tema: Buenas noches Hay 4 comentarios.




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