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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006. 02/04/2006El espía que marchó al frío![]() Soy espía de un estrecho callejón y sus colores me llegan rebotados en las paredes de ladrillo rojo y negro. Debajo se puede oír cómo las olas abrazan las rocas o cómo se deslizan entre los bloques de hielo que se golpean sordos, solitarios. Hay 2537 ladrillos entre ventana y ventana y un dibujo de un dragón escupiendo llamas azules al que alguna vez le he pedido fuego y compartido algún cigarrillo. La mesa del despacho, está junto a la ventana, soportando los juegos negro-rojo, rojo-negro de los ladrillos de las ventanas y la luz del día, siempre gris, entra con tanta tacañería que siempre hay que dejar encendidos los fluorescentes. Me salpica una ola y el viento, a base de golpes, me acaricia la cara y me lava el pelo con sus remolinos. En mitad del callejón hay una mancha de sangre que me recuerda al mapamundi y que ahí, caída, respirando la mugre, da color al gris asfalto. Cada vez se escuchan más las voces de los niños jugando a saltar en la nieve y el frío, a buscar cubos de hielo para hacer enormes castillos de arena con diez torres regordetas y una puerta de pluma de gaviota. La mancha de sangre nunca supe quién la dejó y para explicármela, invento historias de amores despechados heridos de muerte sobre ella, o asaltos violentos de navaja, o un pintor que amaba la soledad del callejón y la pintó allí mismo, en forma de gota de sangre dispersa. A pesar del nevado gris encapotado, frio y helado, el sol me quemaba los ojos, así que recurrí a gafas oscuras y a la crema protectora para el resto del cuerpo. Luego me puse el traje de piel, sobre el bañador. La sangre siempre me ha llamado la atención. No podía verla en mi cuerpo. Me desmayaba. Y sin embargo en los demás hasta incluso me agradaba porque recogía tonos de ojos tristes y miedos repugnantes cargados de escalofríos. Por eso me pasaba el tiempo libre agarrado a un vaso de whisky, mirando sin mirar, mirada ausente, muriendo por mirar el vómito de sangre pintado por un pintor sin nombre en el estrecho callejón, espiando... expiando. La policía contó a la prensa que había saltado desde la ventana, que era curioso porque conmigo eran tres los suicidas, y, como yo, los otros dos habían caído con la cabeza exactamente en el mismo sitio: una mancha rojiza que algún malintencionado dibujó en el suelo, el centro de una diana perversa, el fin del camino para unos pobres alucinados y otras frases por el estilo que engordaron y magnificaron este arrebato. Pero os juro que no fue así. Tan sólo me asomé a la ventana para ver más de cerca el glaciar del callejón y la gente que vivía allí y, por puro descuido, resbalé en el hielo y caí. No recuerdo más. Ahora estoy aquí, en el glaciar, junto a otros dos amigos y saludamos al nuevo que, de vez en cuando, se asoma por la ventana con aires aburridos y nos mira sin mirarnos. 02/04/2006 03:49 Autor: eraseunavez. Enlace permanente. Tema: Buenas noches No hay comentarios. Comentar. 10/04/2006Gentes![]() Paco era muy peculiar. Si a alguien había que decirle eso de que vendió el burro para comprar la alfalfa, ese alguien era él. Paco compró el coche antes de sacarse el carnet de conducir. Y lo hizo con la convicción de que sabiendo ese dinero gastado, le daría ánimos para enfrentarse a los papeles de la autoescuela de su amigo Ezequiel, con sus señales, sus tests, y el temido examen de tráfico. Paco tenía manos inmensas, hartas de mover pesos, amigas de sus muchos amigos, y de un buen vaso de vino de la taberna del Andrés pero enemigas de bolígrafos, libros y libretas. Su yerno, Alfonso, el hijo del Andrés, diez años más tarde, contaba que los ingenieros de la ITV no podían creer que un coche de esa edad tuviera 30 Km (los que le había hecho para acercarlo a esas dependencias). Alfonso nunca contó que les dijo (para que no pensaran mal de su suegro) que era el capricho de un coleccionista, pero claro, un Renault 4L, no solía estar en vitrinas de coleccionista alguno. Además, Alfonso se acababa de sacar su carnet de conducir pero ya tenía sus buenos treinta. Como el caso era bien raro, los ingenieros llamaron a las autoridades, por si estuvieran tratando con amigos de lo ajeno o alguna familia de poseídos y Alfonso tuvo que responder a unas cuantas preguntas allí mismo, en un despacho de la ITV que le hicieron una pareja de guardiaciviles, pero esto, como ya he dicho, nunca lo contó, claro. Ni tampoco la panzada de reír que se dieron a su costa y a la de su suegro cuando conocieron y comprobaron la verdad. Ezequiel, en los tiempos en que Paco se quería sacar el carnet, tuvo un accidente con un coche cargado de alumnos que casi le cuesta el negocio. Le reconoció a su hija Nieves. repentinos desvanecimientos durante las clases, culpables de despistes, falta de reflejos y de algún accidente más o menos grave, mejor o peor confesado y siempre mal disimulado y muy bien difundido para su desgracia. Pero no le contó que todos se mofaban de sus breves siestas, ni que le hacían parodias simulando sus cuellos rotos y zarandeándolos ante los vaivenes del coche en las curvas, en los baches y en las paradas. Había quien lo despertaba en los semáforos frenando a fondo, con mucha brusquedad, de forma que el hombre se levantaba casi un palmo de su asiento. Y un coro de risas aguantadas sonaba en el coche. Alguien, incluso contó el cuento de la bella durmiente y Ezequiel volvió a la consciencia justo antes del beso del príncipe. Se quedó con el mote del Bello Durmiente. Nieves se enteró de eso diez años más tarde, en una de las conversaciones que tuvo en la cama con Alfonso, el hijo del Andrés. Alfonso, el de los frenazos, no sabía que Ezequiel recién superada su enfermedad, acababa de morir en un choque frontal con un camión porque su conductor se quedó dormido, ni tampoco se llegó nunca a enterar del dolor y el daño que causaron las malas lenguas como la suya, que repitieron una y otra vez sin conocer lo que realmente ocurrió, la antigua historia del Bello Durmiente. Alfonso suspendió seis veces el carnet con Ezequiel, así que lo dejó para otra época. Ezequiel mantuvo la autoescuela abierta seis meses después de su principio de narcolepsia porque quería que su hija la heredara, contratando personal para dar las clases y perdiendo el poco dinero que entraba del negocio. Cuando vio la falta de interés de ella, lo traspasó. Nieves se acostó seis veces con Alfonso el hijo del Andrés y se las arregló para que Paco los pillara en la cama la sexta vez. En seis días, Alfonso se encontró en la calle, sin un céntimo, sin esposa, sin casa, sin amante, sin trabajo y con fama de ponecuernos. En seis semanas se encontró viviendo en otro lugar, queriendo olvidar nunca supo qué, porque nunca supo de dónde le vino la patada que le dieron en el culo porque nunca se le dio bien eso de atar cabos. 22/04/2006El gran viaje![]() He calculado que puedo vivir con 20 euros diarios, incluyendo comida, desplazamientos cortos, y ropa. Por eso me hice bloger. Ya sabéis. Para dar la vuelta al mundo. Es una idea madurada durante cortas horas y largos momentos. Es una idea simple, obsesiva, prudente, serenamente alocada pero que no he podido quitármela de la cabeza en todos estos años. Veréis, tengo una especie de amor en cada puerto, una red de araña con todos los nudos necesarios tejida pausadamente con delicadeza, con dulzura, con mucha ternura, pero una red de araña al fin y al cabo. En ella me dispongo a pasar mis noches, mis conversaciones, mis andares y mis cuentos porque en alguna casa de alguna ciudad de cada país vive un nudo de la red, desconocido pero muy familiar, con el que he intercambiado pensamientos tan íntimos como inconfesables, sentimientos de felicidad, de angustia, de esperanza, con el que he intercambiado vida, ideas y opiniones y con el que, alguna vez le he dejado caer la posibilidad de ser un okupa en su cama (o sofá, o garaje, o trastero, no penséis mal). Seleccionados los confiados nudos que dijeron sí, he inventado un itinerario de amores hospitalarios a través del camino más largo que he podido y consigo partir por levante y regresar por poniente, atravesando cuatro continentes y tres océanos y alguna que otra isla en terreno de nadie y en, preveo, dos o tres años. He mandado un sobre cerrado a mi nombre a la oficina postal de cada ciudad que visitaré con los 20 euros que durará mi estancia allí (porque me pienso quedar sólo el tiempo que tarde en gastarlos) y el nick del nudo amable en cuestión. Como equipaje, un saco de dormir, una tienda de campaña, una camiseta de manga larga, una bufanda, unos pantalones cortos, las Leyendas de Becquer, Rayuela y El Perfume, una sonrisa, una callada compañía que continúen una conversación inacabada o un abrazo de palabras silenciosas relleno de calor. ¡Ah!, también un portátil o una lista de cibercafés, por supuesto. En fin, que lo único capaz de torcerme el proyecto es que algún nudo se encuentre haciendo el mismo viaje y a la misma vez que yo... o que me tuviera que llevar a los críos, claro. 30/04/2006Arrugas![]() Un pequeñajo de seis años me preguntó no hace mucho si me dolía mirar. Como me dejó pensando, me volvió a preguntar que si me había enfadado. Como no sabía qué responder y lo miré como se mira al que entra a saco en tus entrañas, me dio un abrazo. Cuando me repuse de la conmoción, le cosí a preguntas y al cabo fue, que identificó dolor con arrugas de ojeras. Como me vio reir, se dio la vuelta desinteresado y sacó un juguete para desintoxicarse de mi risa. Entonces le expliqué que mis arrugas eran buenas porque significaba que había visto mucho, no que me dolieran. Le admití que había visto cosas malas y cosas buenas pero que cada vez que lo veía a él me hacía reir de contento y que era entonces cuando se marcaban las arrugas, osea que las arrugas eran pura alegría y que por eso las arrugas no eran malas. Como se quedó cavilando le pregunté por sus pensamientos y me dijo que él no tenía arrugas y eso que se reía mucho... Entonces le invité a una hamburguesa en el Mac Donald y le prometí que de mayor tendría más arrugas que yo. Me preguntó qué juguete venía con la hamburguesa... |
Erase Una VezCuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama.
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